Santo Domingo.- Por años, Martha Candela ha sido una figura incómoda para algunos y profundamente inspiradora para otros. Su forma de predicar, cantar y hablar de Dios no encaja en los moldes tradicionales del cristianismo evangélico, y precisamente por eso ha generado controversia.
Sin embargo, detrás del personaje disruptivo hay una historia marcada por el dolor, la depresión, la fe y una transformación espiritual que ella define como un encuentro íntimo con Dios.
Cantante de música cristiana, adoradora pentecostal y predicadora con un lenguaje coloquial, Martha Candela asegura que nunca se propuso ser diferente.
“Eso no fue algo que yo planeara. Dios me usa así. Yo nunca encajé con lo mismo, con ese traje de religiosidad que me pesaba demasiado”, afirma.
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“Nunca encajé con la religiosidad”
Martha se define como una mujer libre dentro de su fe. Aunque pertenece a la denominación cristiana pentecostal la misma en la que conoció a Dios, reconoce que dentro de ese entorno vivió fuertes tensiones.
“Hay mucha esclavitud y mucha religiosidad. Todo es pecado, y eso es una locura. Yo me sacudí de eso”, sostiene.
Para ella, Dios no es uniforme ni repetitivo. “Hay un cliché, una tradición de que todos tenemos que vestir igual, hablar igual y hacer lo mismo. Pero yo conozco a Dios, tengo una relación íntima con Él, y sé que no es así. Dios nos quiere felices”, expresa, citando la Biblia. “Al que el Hijo libertare, será verdaderamente libre”.
Esa libertad, aclara, no es libertinaje, sino una vivencia auténtica de la fe. “La libertad no es hacer lo que da la gana, pero tampoco es vivir pensando que todo es pecado”, explica en el Programa Con Jatnna.
Una infancia en medio de la violencia y el caos
La historia de Martha Garcés Lorenzo nombre de pila de la interprete de "clean", no puede entenderse sin mirar su infancia. Creció en un hogar disfuncional, marcado por el alcoholismo, la violencia y prácticas espirituales que hoy reconoce como confusas y dañinas.
“Yo me crié en un ambiente donde había mucha bulla, muchos problemas, violencia. Desde pequeña vi cosas muy fuertes”, recuerda.
Relata que en su hogar hubo prácticas de brujería, fruto según dice de la falta de conocimiento.
“Mi mamá hoy es una misionera. Ella reconoce que estaba equivocada. A sus casi 100 años sigue evangelizando porque siente que le debe su vida a Dios”, cuenta.
Martha cree que ese entorno la llenó de vacío y confusión. “Todo el que no tiene a Cristo quiere llenar ese vacío con algo: alcohol, vicios, relaciones. Yo bebía, fumaba, vivía en ese mundo oscuro”, confiesa.
La depresión
Antes de su conversión, Martha atravesó una profunda depresión. No fue una tristeza pasajera, sino un estado emocional que la llevó a cuestionar su vida por completo.
“Era una tristeza profunda, un arrepentimiento del mundo. Yo duré como tres días llorando”, relata.
Aclara que nunca llegó a pensar en quitarse la vida, pero sí sintió un vacío que no lograba explicar. “Yo sentí que ese vacío solo lo podía llenar Cristo. Y me entregué”, afirma.
Ese momento marcó su conversión en el año 2007. “Regularmente uno se convierte cuando toca fondo. Yo lo toqué”, dice sin rodeos.
“Dios me dijo: alábame”
Tras su conversión, Martha comenzó a involucrarse en la música dentro de la iglesia. Primero cantando coros, luego desarrollando un estilo propio, marcado por ritmos fuertes y tropicales como el mambo.
“A mí me gusta la música rítmica, fuerte, y así la interpreto”, explica.
Fue entonces cuando, asegura, escuchó por primera vez la voz de Dios en su corazón. “Él me dijo, ‘alábame’. Antes yo me burlaba de la gente que decía que Dios le hablaba, hasta que me habló a mí”, confiesa.
Desde entonces, su adoración se convirtió en una mezcla de música, predicación y testimonio personal, algo que no todos aceptaron.
“Me han criticado mucho, pero no me pueden señalar nada que sea bíblico”, sostiene.
Una fe que cruza fronteras
La forma particular de Martha Candela la ha llevado a escenarios internacionales. Ha ministrado en Estados Unidos, Centroamérica, Panamá y hasta en Hawái, donde asegura haber cumplido una misión espiritual profunda.
“No fue un viaje cualquiera. Fue algo que tiene que ver con la nación”, dice, sin entrar en detalles.
Viaja sola, sin equipo ni asistentes. “Yo quiero ver a Dios trabajar conmigo, sin ayuda humana. El invisible trabajando conmigo”, afirma.
La familia y la convicción
Martha es madre de tres hijos y abuela de cuatro nietos. Sus hijos, cuenta, han sido testigos de las críticas que ha recibido, pero también de su coherencia.
"Ellos están maravillados con lo que Dios ha hecho conmigo”, dice.
Vive de su ministerio y de la provisión que, asegura, Dios le da. “Dios me suple. Los viajes me los pagan, la gente me bendice”, expresa.
Las críticas no la detienen. “A Jesús lo entregaron los mismos religiosos. Por eso yo confronto. Porque hay ovejas heridas que no encontraron apoyo en la iglesia”, señala, recordando la parábola del buen samaritano.
Un sueño para la nación
Cuando se le pregunta por sus sueños, Martha no habla de fama ni de escenarios. “Sueño con un futuro mejor para nuestra patria”, afirma.
Habla de rescatar valores, la identidad dominicana, el merengue y hasta la gastronomía. “Aquí hubo un pacto, una esencia, y hay que mantenerla viva”, concluye.
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Edili Arias
Periodista egresada de la Universidad O&M, apasionada por escribir sobre niñez, salud e historias humanas. Combina su amor por el periodismo con su afición por los deportes. Madre de dos niños, lo que le aporta una perspectiva cercana y sensible en sus reportajes.