Margot
Hoy cumple dieciséis lustros una mujer extraordinaria: Margarita Cordero. “Mami” para mí y mis hermanas Laura y Virginia. Es una mujer pequeña de estatura, pero enorme en la influencia que ha ejercido en nuestras vidas.
Un árbol frondoso en cuya sombra siempre encontramos cobijo y cuyo tronco ha servido de sustento permanente en nuestras vidas. Mami nos ha regalado muchas cosas, la más importante de las cuales es un ejemplo de vida cuyos frutos sólo he entendido con la paternidad. De esa forma deja una impronta que trascenderá generaciones y subsistirá incluso cuando ya no viva nadie que la recuerde.
Pero, aunque sus hijos nunca la hemos nombrado de esa manera, ella no es mami, es Margot. Así la llama la gente que la quiere desde antes de nosotros entrar en su vida. Margot ha sido la luchadora por la democracia, la defensora de los derechos de las mujeres, la periodista comprometida, la amiga solidaria, la hermana indispensable, la hija amorosa. Margot contiene multitudes y es la verdadera seña de su identidad.
Cuando ser libre era una herejía, ella defendió su derecho a serlo. Lo fue y lo es como persona, como mujer, como ciudadana y como profesional. Puede cambiar de parecer, o aceptar la disidencia, pero ella no claudica sino ante sus convicciones y sus cariños. Es humana en sus imperfecciones, pero divina en su capacidad para ser honesta consigo misma, que es más difícil que serlo con los demás.
En todas partes sus hijos somos abordados por extraños y conocidos, que nos recuerdan cómo ella o su ejemplo han cambiado su vida. Nunca ha anhelado reconocimientos públicos, aunque ha recibido los más altos con que se galardona su profesión. Pero sí le gusta que sean ocasión de comprobar que personas que, aunque ya no están en contacto con ella, le recuerdan cómo con grandes o pequeños gestos afectó el cauce de sus vidas. No es vanidad, sino la comprobación existencial de que todo ha valido la pena.
Su último gran amor son sus nietas, como antes lo fue su nieto. Y lo vive con una intensidad que confirma a quien la conoce que siente una pasión con la vida que le ha permitido serlo todo y mucho más. Yo soy su producto, y siento por ella una admiración y un amor que nunca sabré expresar como merece.
Te quiero Margot, que sean muchos más.