Bloomberg View.-Con la economía más problemática de América Latina rumbo a una situación de impago, existía la esperanza de que el presidente venezolano Nicolás Maduro pudiera descartar el empleo de medidas a medias y encauzar nuevamente al país.
Pero, en su lugar, la semana pasada anunció cambios en las políticas que constituyen una ilusión óptica.
A pesar de que aumentó el precio de la gasolina más barata del mundo un 6,000 por ciento (para el combustible de alto octanaje), mantuvo el precio fijo -y gracias a los subsidios del gobierno los venezolanos todavía pueden llenar el tanque por cuatro centavos el galón.
Simplificó el sistema de cambio que tenía varios niveles y se prestaba a la confusión y devaluó la inflada moneda nacional, aunque no lo suficiente: en la calle un dólar cuesta 1,000 bolívares, por lo menos cinco veces el tipo oficial.