Los símbolos patrios

Patricia Arache
Patricia Arache

En ocasión del 163 aniversario de la guerra de la Restauración, liderada por el general Gregorio Luperón, el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), bajo la dirección general de Maira Morla Pineda, ofreció una conferencia, coordinada por los señores Yoneidi Domínguez, encargado de Responsabilidad Social Corporativa y Bienvenido Pérez, asesor general de la entidad tripartita y miembro del Instituto Duartiano.

El ponente fue el doctor Wilson Gómez Ramírez, presidente del Instituto Duartiano y juez emérito del Tribunal Constitucional, quien ofreció una magistral y didáctica conferencia, con la que no solo iluminó aspectos históricos de gran valor, sino que también lanzó una severa crítica sobre la crisis de identidad patriótica que atraviesa la sociedad dominicana.

La conferencia destacó la conexión umbilical entre la Independencia Nacional de 1844 y el Grito de Capotillo, que dio inicio a la Restauración, ambas motivadas en la fuerza y el valor del ideario del patricio Juan Pablo Duarte y Díez (1813-1876).

El ilustre Gómez Ramírez subrayó que ambos hitos no deben verse como episodios aislados, sino como capítulos de una misma lucha por la soberanía.

La Trinitaria, fundada por Juan Pablo Duarte, en 1838, fue semilla de un movimiento que, décadas después, encontró continuidad en la gesta restauradora encabezada por Luperón y otros patriotas.

Este recordatorio histórico es vital: la independencia no fue un acto único, sino un proceso que exigió persistencia, sacrificio y conciencia nacional y reconocer esa continuidad es saber que la libertad se defiende paso a paso y de generación en generación.

El espacio fue propicio también para que Gómez Ramírez denunciara con firmeza la falta de identidad patriótica que se manifiesta en el uso incorrecto y descuidado de la bandera, el escudo y el himno nacional, símbolos patrios elevados al rango constitucional, pero que son tratados con altos niveles de indiferencia en actos oficiales, instituciones educativas y espacios públicos.

Es obvio que el problema no es sólo protocolar y que se puede interpretar como un síntoma de desconexión con la memoria colectiva y de debilitamiento de la ciudadanía, una porción importante de la cual se precia de ser muy nacionalista.

Cuando se banalizan los símbolos, también se banaliza la historia que ellos representan. La bandera no es un adorno; es la representación de la soberanía. El himno no es una rutina escolar; es la voz de la nación. El escudo no es un gráfico; es la síntesis de valores que sostienen la República.

Existe en el país una evidente paradoja, en la que muchos dicen exaltar y defender la nacionalidad, pero en la práctica cotidiana descuidan hasta los símbolos que encarnan esa memoria.

Y comienza a ser notable una pérdida de identidad nacional, incluso, en el marco de la celebración de las fechas patrias. El pasado domingo, 16 de agosto, por ejemplo, la atención estuvo puesta más en si el presidente Luis Abinader Corona introduciría cambios en el gabinete que en la celebración de la gesta histórica que devolvió la independencia de la nación.

La denuncia expuesta por el presidente del Instituto Duartiano debe convertirse en acción, con la adopción de medidas concretas que fortalezcan la educación cívica y el respeto a los símbolos patrios.

Es necesario que se produzca una revisión institucional, en la que haya garantías de que escuelas, universidades organismos del Estado y todos los entes sociales cumplan protocolos claros sobre el uso de la bandera, el escudo y el himno nacional.

Se deben utilizar todos los espacios para promover el valor de los símbolos como expresiones de identidad, no como simples formalidades.

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Patricia Arache