Los fuegos en los estadios
Los fanáticos tienen una mente de “elefantes” cuando se trata de sacar en cara cualquier situación.
Una amable lectora, de apellido Muñoz, me escribió un comentario donde “fustiga” el porqué planteé, cuando se registró un incendio en el estadio Cibao, que los ejecutivos de las Águilas debían asumir los gastos en que se incurriera.
Y me reclama que ahora, tras el fuego en el palco de prensa del Quisqueya, no me referí a que Licey y Escogido, como dueños de la casa, debían repararlo.
Los estadios, en tiempos de pelota, deben ser responsabilidad en todo lo bueno o malo que suceda allí, de los dueños de equipos, donde tienen instaladas modernas oficinas sin pagar un centavo.
Esas instalaciones son propiedad del Estado, que tradicionalmente, aplicando el lema de “pan y circo”, las “dona” incondicionalmente.
Políticamente a los gobiernos les conviene la pelota, porque es recreación colectiva, crea empleos, y lo más importante, mucha gente olvida problemas para discutir de béisbol.
Ahí está la clave para que Obras Públicas trabajara a todo vapor, y en agradecimiento, pusieran al ministro Gonzalo Castillo, a lanzar la primera bola.
