Los espacios que nos sostienen
Este fin de semana escuché a mujeres hablar de liderazgo sin maquillaje… la mañana del sábado, en el hotel Intercontinental, no se habló del liderazgo de las redes sociales, sino el que implica decisiones incómodas, renuncias silenciosas y convicciones firmes.
La conferencia “Liderazgo femenino: un evento para mujeres decididas”, inició con la visión estratégica de Irene Morillo, autora del libro “Conviértete en referente estrella”, fue más que una convocatoria; fue un espejo.
A veces creemos que el liderazgo se trata de ocupar un cargo o de tener una comunidad que te aplauda, pero no, porque liderar es sostener una visión cuando nadie más la ve clara, es avanzar aun cuando el miedo intenta negociar contigo, es entender que no siempre se puede con todo, pero aun así se sigue.
Ahora, cuando la comunicación parece reducirse a titulares veloces y opiniones impulsivas, estos espacios son necesarios, nos obligan a detenernos, a pensar y escuchar. Y escuchar hoy, aunque no lo crean, es un acto casi revolucionario.
Como comunicadora, me preocupa la velocidad con la que emitimos juicios y la ligereza con la que consumimos información, donde la ética no debe quedar rezagada por la prisa; el criterio no puede ser sustituido por la viralidad; y el liderazgo -sobre todo el femenino- no se puede seguir romantizando como si todo fuera inspiración y fotos bonitas.
Hay cansancio, sacrificios, maternidades ejercidas en paralelo con responsabilidades profesionales, cuentas que pagar y sueños que sostener, pero también hay propósito y sueños.
Refugios para el pensamiento
Hoy celebraremos la primera Peña Interactiva de Encuentros Interactivos en el bar del Teatro Nacional. Y mientras organizo cada detalle, pienso que estos espacios, como el que viví el fin de semana y como el que estamos construyendo, no son eventos, son refugios para el pensamiento, puntos de encuentro para recordar que no estamos solos en nuestras luchas profesionales.
Necesitamos lugares donde la conversación tenga profundidad, donde el ‘networking’ no sea sólo intercambio de tarjetas, sino intercambio de experiencias, donde podamos decir “esto me cuesta” sin que eso debilite nuestra imagen.
He aprendido que el equilibrio entre vocación, maternidad y propósito no se logra cuando todo está perfectamente organizado… se logra cuando aceptamos que somos múltiples, que podemos ser firmes y sensibles, estratégicas y humanas, profesionales y vulnerables.
Tal vez el liderazgo más honesto sea ese: el que reconoce sus grietas.
Desde mi escritorio, confirmo algo que este fin de semana volvió a resonar: crecer no es hacerlo sola, es participar de espacios que te desafíen, cuestionen y recuerden quién eres cuando el ruido externo intenta distraerte.
La realidad es que, al final, los espacios que construimos también nos construyen.