Los desequilibrios de la economía y las fallas del sistema

Tomás D. Guzmán Hernández
Tomás D. Guzmán Hernández

Comprender los múltiples procesos por los que atraviesa una economía, independientemente de su nivel de desarrollo, se presta hoy a diversas interpretaciones. De alguna manera, todos llevamos un economista dentro, tanto cuando analizamos la economía del hogar como cuando intentamos comprender la del país. Los acontecimientos cotidianos —guerras, petróleo, inflación, tipos de cambio, precios de los combustibles, congestión del tránsito y otros fenómenos— mantienen en permanente tensión a ciudadanos, empresas y gobiernos.

Los desequilibrios internacionales tienen, entre sus causas, la ausencia de un sistema monetario internacional plenamente coordinado, capaz de establecer reglas comunes, supervisar las actuaciones de los países y limitar las políticas excesivamente orientadas al corto plazo. La economía mundial dispone de instituciones multilaterales, pero carece de un mecanismo automático y suficientemente eficaz que obligue a las principales economías a internalizar las consecuencias internacionales de sus decisiones.

Las reglas monetarias internacionales tuvieron dos grandes referencias históricas. Primero, el patrón oro, que predominó antes de la Primera Guerra Mundial; posteriormente, el sistema de Bretton Woods, establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Este último comenzó a desintegrarse a partir de la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro en 1971 y terminó dando paso al actual sistema de tipos de cambio predominantemente flexibles.

En el escenario contemporáneo conviven diferentes monedas y áreas monetarias. El dólar estadounidense conserva una posición dominante como moneda de reserva y medio de pago internacional, mientras el euro constituye la principal moneda alternativa dentro de las economías avanzadas. La importancia de ambas monedas se refleja en las reservas de los bancos centrales, en las transacciones comerciales y financieras y en la denominación de una parte considerable de los activos internacionales.

Cada país, por lo general, persigue sus propios objetivos económicos. Entre ellos figuran mantener la inflación bajo control, administrar las tasas de interés, acumular reservas internacionales y utilizar, cuando las circunstancias lo requieren, instrumentos monetarios y fiscales de estímulo. El problema surge cuando estas decisiones nacionales generan efectos importantes sobre otras economías y no existe una coordinación internacional suficiente para corregirlos.

La conocida frase de John Maynard Keynes —“en el largo plazo todos estaremos muertos”— suele utilizarse para destacar la importancia de atender los problemas económicos del presente. Sin embargo, las decisiones de corto plazo pueden generar consecuencias de largo alcance. Las tensiones geopolíticas, los conflictos armados, las perturbaciones de los mercados energéticos y las alteraciones en las cadenas internacionales de suministro pueden modificar rápidamente los precios y afectar la inflación, el consumo y el poder adquisitivo de los hogares.

En una economía abierta como la dominicana, un aumento significativo del precio internacional del petróleo puede transmitirse rápidamente a los costos de transporte, electricidad, producción y distribución. El efecto final no se limita al precio de los combustibles: termina trasladándose, con distinta intensidad, a numerosos bienes y servicios que forman parte del presupuesto familiar.

El proceso de adaptación a nuevos niveles de precios genera tensiones sociales y desequilibrios presupuestarios en los hogares, especialmente cuando los ingresos crecen más lentamente que el costo de vida. El problema no es exclusivamente nacional. La pregunta de fondo es quién se ocupa de preservar la estabilidad de la economía mundial cuando las principales economías adoptan políticas que pueden generar efectos sobre el resto del planeta.

Desde la desaparición del sistema de Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha desempeñado un papel diferente al que originalmente se le asignó. Su función actual incluye la supervisión de las economías de sus países miembros, la evaluación de sus políticas macroeconómicas y financieras y la asistencia financiera a los países que enfrentan problemas de balanza de pagos. Las consultas del FMI suelen analizar la política fiscal, monetaria, cambiaria, las cuentas externas y los riesgos que enfrenta cada economía. Sin embargo, la capacidad del organismo para imponer ajustes a las grandes economías es mucho más limitada.

En este contexto adquiere especial importancia el concepto de desequilibrio externo. Los economistas suelen concentrarse en los desequilibrios de la cuenta corriente, que reflejan, entre otros componentes, el resultado de las transacciones de bienes y servicios, los ingresos primarios y las transferencias corrientes. Un déficit de cuenta corriente significa, en términos simplificados, que una economía está gastando en el exterior más recursos de los que genera por sus transacciones corrientes.

La República Dominicana constituye un buen ejemplo de esta situación. El país mantiene tradicionalmente un importante déficit en el comercio de bienes debido a que las importaciones superan ampliamente a las exportaciones. Sin embargo, este déficit es parcialmente compensado por el extraordinario desempeño de los servicios, especialmente el turismo, además de las remesas y otros ingresos externos.

La balanza comercial dominicana: un desequilibrio estructural

La evolución de la balanza comercial de bienes permite observar con claridad esta característica de la economía dominicana:

AñoExportaciones de bienesImportaciones de bienesSaldo comercial
2020US$10,301.9 millonesUS$17,105.0 millones-US$6,803.1 millones
202112,486.424,282.0-11,795.6
202213,750.230,912.6-17,162.4
202312,949.828,813.1-15,863.3
202413,872.129,808.0-15,935.9
202514,644.229,862.0*-15,217.8*
20268,745.7**

Fuente: Banco Central de la República Dominicana (BCRD), boletines de comercio exterior; Oficina Nacional de Estadística (ONE), Anuario de Comercio Exterior 2025.
* Importaciones 2025 calculadas como diferencia entre el intercambio comercial total de US$44,506.2 millones y las exportaciones de US$14,644.2 millones reportadas por la ONE.
** Enero-junio de 2026; dato preliminar de exportaciones reportado por el BCRD. El año 2026 aún no está cerrado. (Repositorio Cultural Banco Central)

La tabla revela una característica que no debe pasar inadvertida: el déficit comercial dominicano no constituye un fenómeno coyuntural, sino un rasgo estructural de la economía. El déficit alcanzó su máximo del período analizado en 2022, con aproximadamente US$17,162 millones, y aunque posteriormente se redujo, continuó siendo superior a US$15,000 millones tanto en 2023 como en 2024. En 2025, las exportaciones crecieron 13.3 %, hasta US$14,644.2 millones, mientras el intercambio comercial total alcanzó US$44,506.2 millones. (Gobierno Dominicano)

El dato de 2026 resulta particularmente interesante. Durante enero-junio, las exportaciones de bienes alcanzaron US$8,745.7 millones, con un crecimiento interanual de 16.6 %. Dentro de ellas, las exportaciones de oro llegaron a US$1,591.9 millones, mientras las exportaciones de zonas francas alcanzaron US$4,359.7 millones. Este comportamiento muestra que el sector exportador continúa ampliando su capacidad de generar divisas. (Banco Central de la República Dominicana)

El riesgo para un país en crecimiento con un déficit externo elevado consiste en perder la confianza de los mercados y de los agentes económicos que financian ese desequilibrio. Si la economía no genera suficientes divisas para cubrir sus necesidades externas, debe recurrir a inversión extranjera directa, endeudamiento, reservas internacionales u otros flujos de capital.

En el caso dominicano, sin embargo, el déficit comercial no debe analizarse de manera aislada. La balanza de servicios constituye uno de los principales mecanismos de compensación externa, gracias fundamentalmente al turismo. A ello se agregan las remesas de los dominicanos residentes en el exterior y la inversión extranjera directa.

Precisamente por eso, un déficit comercial elevado no significa automáticamente que exista una crisis externa. Lo importante es determinar si el déficit de bienes puede ser financiado de manera sostenible mediante ingresos provenientes de servicios, transferencias y capitales estables. El FMI estimó para 2025 que el déficit de cuenta corriente dominicano se reduciría hasta aproximadamente 2.5 % del PIB y señaló que estaría financiado en su totalidad por la inversión extranjera directa. Para 2026 proyectó que el déficit permanecería alrededor de ese nivel. (IMF)

Los flujos de capital y el riesgo de volatilidad

Un segundo tipo de desequilibrio mundial está relacionado con los flujos brutos de capital transfronterizos. El denominado “dinero caliente” puede ingresar rápidamente a una economía en busca de mayores rendimientos, pero también puede salir con la misma velocidad cuando cambian las condiciones financieras internacionales.

Las entradas de capital pueden contribuir al crecimiento, financiar inversiones y fortalecer las reservas internacionales. Pero cuando predominan los flujos de corto plazo, la reversión de estos movimientos puede provocar depreciaciones cambiarias, aumentos de las tasas de interés y dificultades para financiar los déficits externos.

Por esta razón, la calidad del financiamiento es tan importante como su magnitud. La inversión extranjera directa, vinculada a proyectos productivos, suele presentar una naturaleza más estable que los movimientos especulativos de cartera. La estabilidad externa requiere, por tanto, no solamente atraer capitales, sino atraer aquellos capaces de generar producción, empleo, exportaciones y divisas.

¿Existe un mecanismo internacional de ajuste?

La conclusión es que no existe un mecanismo internacional de ajuste automático capaz de corregir simultáneamente los desequilibrios de todas las economías. En teoría, una moneda que se deprecia debería abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones, contribuyendo a modificar la composición de la demanda y de la producción.

En la práctica, el proceso es mucho más complejo. Los efectos de una depreciación cambiaria no son inmediatos y dependen de la estructura productiva, la elasticidad de las exportaciones e importaciones, el grado de dependencia de insumos importados y la confianza de los agentes económicos.

En países altamente dependientes de las importaciones, una depreciación puede incluso producir inicialmente un efecto inflacionario importante antes de generar una respuesta significativa de las exportaciones. De ahí que el tipo de cambio no pueda considerarse, por sí solo, un mecanismo suficiente para corregir los desequilibrios externos.

Los movimientos del tipo de cambio tampoco siempre reflejan las relaciones económicas de largo plazo entre deudores y acreedores. Las expectativas, las tasas de interés internacionales, los movimientos de capital, la política monetaria de las grandes economías y los acontecimientos geopolíticos pueden provocar variaciones cambiarias que poco tienen que ver con los fundamentos de largo plazo.

Para la República Dominicana, el desafío consiste en reducir gradualmente la vulnerabilidad que implica depender de importaciones superiores a las exportaciones de bienes, al mismo tiempo que se fortalece la capacidad exportadora. Esto requiere elevar la productividad, diversificar la oferta exportable, aumentar el contenido tecnológico de las exportaciones, fortalecer las cadenas productivas nacionales y aprovechar las oportunidades que ofrecen el nearshoring y la reorganización del comercio mundial.

El déficit comercial, por tanto, no debe verse únicamente como una cifra negativa. También constituye una señal sobre la estructura productiva de una economía. Una economía puede convivir con déficits comerciales durante largos períodos si dispone de fuentes sostenibles de divisas. Pero la verdadera fortaleza consiste en lograr que una proporción creciente de esas divisas provenga de una estructura productiva más competitiva, diversificada y capaz de generar mayor valor agregado.

Los desequilibrios internacionales continuarán formando parte de la economía mundial. El reto para los países pequeños y abiertos, como la República Dominicana, es evitar que esos desequilibrios externos se conviertan en desequilibrios internos y, finalmente, en crisis económicas y sociales.

El autor es economista.

Bibliografía

Banco Central de la República Dominicana (BCRD). Boletines trimestrales de comercio exterior y balanza comercial, 2020-2025. Santo Domingo, República Dominicana. (Repositorio Cultural Banco Central)

Banco Central de la República Dominicana (BCRD). Informe sobre flujos de divisas e inversión extranjera directa, enero-junio de 2026. Santo Domingo, julio de 2026. (Banco Central de la República Dominicana)

Oficina Nacional de Estadística (ONE). Anuario de Comercio Exterior 2025. Santo Domingo, marzo de 2026. (Gobierno Dominicano)

Oficina Nacional de Estadística (ONE). Comercio Exterior y Balanza de Pagos: estadísticas de comercio exterior. Santo Domingo. (Gobierno Dominicano)

Fondo Monetario Internacional (FMI). Consulta del Artículo IV con la República Dominicana, 2025. Washington, D.C., noviembre de 2025. (IMF)

Keynes, John Maynard. A Tract on Monetary Reform. Macmillan, Londres, 1923.

Eichengreen, Barry. Globalizing Capital: A History of the International Monetary System. Princeton University Press.

Sobre el autor

Tomás Guzmán Hernández

Economista, CPA, comunicador social, catedrático universitario con 25 años de experiencia en el Sector Público Centralizado, Descentralizado y el Congreso. Desempeño en áreas como: Director de Innovación y Desarrollo Productivo del MEPyD, Consultor Económico y Social del Dpto. de Comisiones Cámara de Diputados, Director Depto. Financiero del SIUBEN, Enc Administrativo y Financiero de la Oficina de Cooperación Internacional del MINERD. Director del Centro de Procesamiento de Datos del...