Lunes, 20 de mayo, 2019 | 2:24 pm

Los desaires de la democracia



Una de las críticas a la democracia de los simpatizantes de regímenes autoritarios es que, a veces, sus resultados son imprevisibles.

Tienen razón, solo que no en el sentido en que creen tenerla. Es cierto que la democracia es impredecible, pero no es esto un defecto, sino su gran virtud. Quien aborda la vida en sociedad con la idea de que esta debe marchar por un camino predeterminado, está mal equipado para vivir en democracia.

Es frecuente ver análisis en los que el autor identifica la democracia con sus preferencias, mirando como sospechosamente antidemocrático todo aquello que se aleje de sus opiniones.

En realidad, son estas personas las alejadas del principio democrático, razón por la cual constituyen un obstáculo a los necesarios, y casi siempre imperfectos, acuerdos que fundamentan la convivencia democrática.

Llegan a ser peligrosas cuando ocupan posiciones de influencia o responsabilidad política. Una democracia requiere de buenos perdedores; de personas capaces de aceptar que el sistema no brinda derrotas ni victorias definitivas.

De gente que entienda que lo importante es persistir en los objetivos sin quebrar el acuerdo de convivencia política.

Pretender que solo lo querido por uno es compatible con la democracia es autoproclamarse referente de la democracia, algo incompatible con ella.

El sentido de la democracia es, precisamente, dialogar pese a las diferencias. Si solo nuestras preferencias fueran democráticas no habría nada que discutir, nada que decidir, nada que someter a votación.

Lamentablemente, estas posiciones suelen ser comunes entre los autodenominados “moderados”, para quienes estar colocados en el llamado “centro” les otorga el monopolio de la racionalidad y lo democrático.

En realidad, no hacen otra cosa que defender el “statu quo”, oponiéndose a cualquier tipo de cambio. Su posición es conservadora y antidemocrática, no porque se sitúe en el “centro”, sino porque pretenden que nada cambie significativamente y porque consideran que la voluntad de las mayorías es incompatible con la democracia, porque es incompatible con sus opiniones. Ironía donde las haya.

La democracia es difícil, porque requiere renuncias y obliga a aceptar resultados adversos.. Quien no entienda esto tiene mucho que aprender y poco que enseñar sobre democracia.

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