Los Alcarrizos: del tren de caña al metro de una ciudad que aprendió a reinventarse

De los antiguos rieles del tren cañero al paso del Metro, Los Alcarrizos vive una transformación que redefine su historia, su economía y la vida de su gente.-

Tren

Santo Domingo.- Durante décadas, el sonido que marcaba la vida en Los Alcarrizos no era el del metro ni el de los vehículos que hoy recorren la autopista Juan Pablo Duarte.

Era el silbido de un tren.

Por aquellos rieles, que atravesaban el pueblo cuando aún era una comunidad rural rodeada de potreros y sembradíos, pasaban vagones cargados de caña rumbo a los ingenios azucareros. Hoy, en ese mismo territorio, miles de personas se movilizan diariamente en el Metro de Santo Domingo.

Para quienes han vivido toda su vida en el municipio, la transformación resulta difícil de creer.

Ana Josefa Rodríguez Cabral lo ha visto todo.

Tiene 84 años y vive en el mismo terreno donde nació su padre, donde crecieron sus hijos y donde ahora también juegan sus bisnietos. Sentada en la sala de su casa, recuerda cómo era el pueblo cuando apenas comenzaba a formarse.

“Aquí nací yo en 1941… aquí nació mi papá… y aquí nacieron mis hijos también. Ya somos como seis generaciones viviendo en este mismo pedacito”, recuerda doña Ana con la serenidad de quien lo ha visto todo, sus canas no solo peinan los años, sino que narran la historia de una vida entera.

Cuando ella era niña, Los Alcarrizos era un lugar muy distinto.

Aquí no había luz, ni agua, ni nada. La calle era de tierra y vivíamos menos treinta familias nada más”.

El transporte también era otro.

“Primero se iba a caballo para la ciudad. Mi papá salía de madrugada y regresaba tarde”, relata la anciana, mientras sus ojos se iluminan con la certeza de quien revive cada recuerdo.

Con el tiempo comenzaron a aparecer algunas rutas de transporte que conectaban el pueblo con la capital.

“Después la cosa se fue modernizando y ya… la primera ruta de guagua era yo creo la que le decían la Banderita. El pasaje eran como 10 centavos”, recuerda.

Pero antes de eso, el verdadero protagonista del movimiento en el pueblo era el tren que transportaba la caña de azúcar al ingenio de Haina.

Desde su casa, doña Ana podía escucharlo.

“Frente a nosotros había un peso donde pesaban los camiones con la caña… de ahí la pasaban al tren”.

Las vías férreas pasaban por unos terrenos que hoy componen el sector Los Rieles, una zona que actualmente está completamente poblada, pero que en aquel tiempo era apenas un punto de paso del tren que conectaba los campos cañeros con los ingenios.

“Los muchachos jalaban la caña cuando los vagones se quedaban llenos… y de noche se escuchaba la bocina del tren”.

Para Ana, uno de los recuerdos más recientes también quedó grabado con fuerza.

Se refiere al día de la inauguración de la línea 2C del Metro de Santo Domingo la cual inicia en Los Alcarrizos.

“Ese 24 yo no lo voy a olvidar. A pie me fui con mi bastoncito, me quedé sentada debajo del elevado, vi cuando llegó el Presidente y después dije: ‘Ay, no, me tienen que llevar a ver’. Vinieron unos periodistas, me dijeron que querían encontrar a alguien que hablara de Los Alcarrizos… y yo les hablé. Y salí en televisión”, cuenta entre risas.

Luego agrega, con emoción:

“Yo creo que ha sido un gran logro… un progreso. Un gran progreso, porque no era Los Alcarrizos de cuando yo nací. Ya es una ciudad prácticamente”.

Muy cerca de su casa, en la entrada del municipio, una calle peatonal lleva el nombre de su madre, Angélica, un gesto que para ella simboliza el reconocimiento a las familias que ayudaron a construir el barrio cuando apenas comenzaba a formarse.

Pero para entender cómo aquel pequeño pueblo que recuerda doña Ana terminó convertido en una ciudad atravesada por el metro, hay que mirar aún más atrás. Mucho antes de que existieran carreteras, rutas de guaguas o barrios densamente poblados, el territorio tenía otra apariencia, otra vegetación y otro nombre que comenzaba a tomar forma entre cañadas y terrenos húmedos.

El lugar donde crecían los carrizos

El nombre del municipio tiene raíces en la vegetación que caracterizaba la zona.

El historiador local, Lucas Osvaldo Reyes, señala que antes de convertirse en una comunidad densamente poblada, el territorio estaba cubierto por abundantes carrizos, una planta silvestre que crece cerca de cañadas y terrenos húmedos.

Osvaldo Reyes indica que de esa característica natural surgió el nombre Los Alcarrizos, utilizado por los primeros pobladores para identificar el lugar.

Durante mucho tiempo fue apenas un pequeño poblado rural ubicado en una ruta de tránsito entre Santo Domingo y las regiones del norte del país.

Sin embargo, su nombre aparecería temprano en la historia política dominicana.

Ese mismo lugar que durante años fue apenas un pequeño asentamiento rodeado de vegetación también aparecería, siglos atrás, en uno de los primeros episodios de resistencia política registrados en la parte oriental de la isla.

La Conspiración de 1824

Reyes sostiene que, el 8 de marzo de 1824, durante la ocupación haitiana de Jean-Pierre Boyer, Los Alcarrizos fue escenario de un intento de levantamiento contra el gobierno haitiano.

El episodio, conocido como la Conspiración de Los Alcarrizos, fue organizado por criollos dominicanos que buscaban restaurar el dominio español en la parte oriental de la isla.

Las reuniones conspirativas se realizaron en el poblado, pero el movimiento fue descubierto antes de ejecutarse y reprimido por las autoridades haitianas.

Aunque fracasó, el hecho dejó registrado el nombre del poblado en los primeros capítulos de la historia política dominicana.

Puente Blanco y la antigua ruta hacia el Cibao

Ya en el siglo XXI, muchos de los lugares que hoy forman parte de la geografía urbana del municipio tienen su origen en esa historia agrícola.

El dirigente comunitario David Minaya recuerda que incluso algunos nombres actuales guardan relación con infraestructuras del pasado.

Uno de ellos es Puente Blanco, donde hoy se encuentra una de las estaciones del teleférico.

“Es fácil ahora ver el nombre Estación Puente Blanco, pero ni siquiera sabemos por qué se llama así”, explica.

Según relata, en ese punto existía un puente construido sobre un canal de riego.

“Aquí había un canal de reguío que venía desde el río Haina o Manoguayabo para regar las cañas de aquí. Eso era cuando todavía no existía pueblo”.

La vía que cruzaba ese puente era conocida como la calle Piedra, una antigua ruta por donde transitaban viajeros y mercancías hacia el norte del país.

“Por ahí pasaban hacia el Cibao desde el puerto La Isabela”, explica Minaya.

El crecimiento de un municipio marcado por la migración

Sin embargo, el crecimiento acelerado de Los Alcarrizos comenzó a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Miles de familias llegaron desde distintas provincias del país en busca de oportunidades.

Otros llegaron tras procesos de desalojo en sectores de Santo Domingo, relata el alcalde del municipio, Junior Santos.

El edil cuenta que uno de los momentos más determinantes ocurrió después del paso del ciclón David en 1979, cuando el gobierno levantó viviendas provisionales para alojar a familias damnificadas.

De ese proceso surgieron sectores como Los Barracones, además de comunidades como Pueblo Nuevo, Los Americanos y el INVI (por el entonces Instituto Nacional de la Vivienda).

La organización comunitaria

El crecimiento del municipio también estuvo marcado por la organización de líderes comunitarios que impulsaron mejoras en infraestructura y servicios.

Uno de ellos es Freddy Encarnación, de 73 años de edad, quien llegó a Los Alcarrizos en 1991.

“Cuando llegué, la calle donde vivo ahora mismo, la San Antonio al final, era un trillo… era como un camino vecinal”, recuerda.

A mediados de los años noventa lideró una de las obras comunitarias más importantes del sector.

Transformación de Los Alcarrizos

“El momento más difícil como comunitario que he vivido fue en 1995, cuando conseguimos con Caritas Dominicana la construcción de un drenaje sanitario que ya quisieran muchos residenciales tener”.

El proceso no estuvo exento de conflictos dentro de la comunidad.

“Había gente que decía que yo había llegado hacía poco y que ya me habían puesto el barrio en mis manos. Pero yo les decía: ‘No, yo vengo del ensanche Las Américas a enseñarles cómo vivir dignamente’”.

Finalmente, el proyecto se concretó.

“Lo logramos. Y con la ayuda de Dios y nuestras autoridades vamos a seguir consiguiendo conquistas para nuestra comunidad”.

El liderazgo de Pablo Adón

Otro de los nombres asociados al desarrollo del municipio es del fenecido Pablo Adón, comerciante, dirigente comunitario y posteriormente diputado.

A finales de la década de 1970 participó en la fundación de SOCAIZO, la Asociación de Comerciantes de Los Alcarrizos, junto a empresarios locales solo conocidos como Inoa, Almote y De la Rosa.

Su hijo, Aldo Adón, comenta que la organización buscaba fortalecer el comercio local mediante compras conjuntas y la creación de un almacén común para abastecer a los comerciantes.

Aunque la asociación se disolvió en 1984, Adón decidió asumir las deudas y continuar con el negocio junto a su hermano Teodoro Adón, quien también se consolidó como empresario.

Antes de incursionar en la política, Aldo narra: “El trabajo de mi padre estuvo enfocado en iniciativas comunitarias orientadas al desarrollo de la comunidad”.

Entre ellas se le atribuye la gestión de obras de pavimentación e iluminación de calles, la instalación de la primera línea telefónica fija en el centro de Los Alcarrizos y la llegada de las primeras sucursales bancarias, incluyendo el Banco del Exterior, posteriormente Baninter, y el Banco de Reservas.

También fundó en 1999 Expo Alcarrizos, una feria comercial y cultural que durante trece años buscó mostrar otra cara del municipio, en una época en que muchos residentes preferían ocultar su dirección para evitar discriminación laboral.

“Allí presentábamos los talentos de los alcarricenses y todas las cosas buenas que podemos demostrar, como decía él en su… en su eslogan: 'La otra cara de la moneda'. Porque en ese tiempo había una estigmatización, tanto que para tú poder adquirir un empleo fuera de Los Alcarrizos, tenías que obviar u omitir que eras de aquí”, describe Adón.

Décadas después, su legado quedó también marcado en la infraestructura que hoy conecta al municipio con la capital.

La estación terminal de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo en Los Alcarrizos lleva su nombre: Estación Pablo Adón.

Un reconocimiento a una figura que dedicó gran parte de su vida al desarrollo del municipio.

Una historia que sigue avanzando

Al momento de su creación formal como municipio en 2005, se estimaba que la demarcación contaba con una población que superaba los 250,000 habitantes. Hoy Los Alcarrizos es uno de los municipios más poblados de la provincia Santo Domingo, con más de 311,000 habitantes, según el informe técnico del Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN) del año 2022.

La llegada del Metro de Santo Domingo marca un nuevo capítulo en su historia. Para quienes han visto crecer el municipio desde sus primeros años, el contraste sigue siendo impresionante.

Ana Josefa vuelve a mirar hacia la calle. Donde antes escuchaba el tren que transportaba la caña, ahora pasan trenes cargados de pasajeros rumbo a la capital.

“Quién iba a decir que aquel pueblo chiquito donde yo nací iba a llegar a ser todo esto”.

La historia de Los Alcarrizos no es solo la de un territorio que creció con el paso de los años.

Es también la historia de un pueblo que, frente al abandono, la migración y los prejuicios, se negó a quedarse atrás.

Y que hoy comienza a escribir un nuevo capítulo sobre los mismos rieles por donde alguna vez pasó el tren de la caña.

Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la...