Son golpeados doblemente. En un mismo momento el “monstruo” llamado feminicidio les arrebata el ser más preciado para el ser humano, su madre.
Esta muere a manos de otra persona que también juega un rol importante en sus vidas: el padre, quien, además, en muchos de los casos se suicida.
Se trata de niños y adolescentes que se convierten en víctimas colaterales del feminicidio y que, a pesar de quedar huérfanos y traumatizados, muchas veces parecen ser invisibles para el Estado.
Huérfanos carecen atención
En lo que va de este año, 59 mujeres han sido víctimas de feminicidio, principalmente a manos de sus parejas o exparejas.
Según estimaciones de la procuradora general de la República, Yeni Berenice Reynoso, estos hechos han dejado aproximadamente 77 niños, niñas y adolescentes sin el cuidado de sus madres.
La estadística de la Procuraduría muestra que 15 de los 59 feminicidios registrados este año terminaron con el suicidio del agresor, lo que representa aproximadamente el 25 % de los casos.
Al participar en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, Reynoso explicó que uno de los datos que más preocupa es el vínculo entre las víctimas y sus agresores. En 36 de los casos, el presunto victimario era la pareja actual de la víctima, mientras que 18 fueron cometidos por una expareja.

Reynoso advirtió que estos datos evidencian la vulnerabilidad que puede existir dentro del propio entorno familiar, al tiempo que muestran que una separación tampoco garantiza por sí misma la seguridad de una víctima de violencia.
Estas mujeres permanecen en el anonimato hasta el día en que sus nombres se suman a la extensa lista de “víctimas de feminicidio”.
Más allá de este lamentable y trágico suceso, surge la interrogante: ¿qué pasa con aquellos niños que quedan sin el amparo de un padre y una madre?, ¿cómo es su vida a partir de ese momento?, ¿cómo sobrellevan el dolor?, ¿dónde están?, ¿cuál será su futuro?, ¿quién los atiende?
Lamentablemente, el número exacto de estos menores afectados no se conoce, debido a que no existe un registro específico de estas víctimas indirectas.
Por esta razón, en muchas ocasiones carecen de atención profesional para superar las secuelas del trauma y afrontar las consecuencias de una tragedia que marca sus vidas.
El 89 % no había denunciado
Otro dato relevante es que cerca del 89 % de las víctimas no había interpuesto una denuncia antes de ocurrido el feminicidio.
En cuanto a la nacionalidad, 56 de las 59 víctimas eran mujeres dominicanas, mientras que tres eran extranjeras.
Testigos silenciosos
La psiquiatra y terapeuta familiar, Mircia Pacheco, indica que el feminicidio es la manifestación más grave de un hogar donde, con frecuencia, se han presentado previamente conductas violentas, de las que los hijos son testigos silenciosos y, muy probablemente, también víctimas directas.
“Cuando ocurre un feminicidio se produce una desorganización del núcleo familiar. Los hijos pasan por un estado de choque emocional y, al quedar en situación de orfandad, les sobrevienen el duelo, la tristeza, el llanto frecuente y problemas para dormir”, explica.
Impacto sicológico
El psicólogo y terapeuta familiar, Luis Vergés, considera que el niño o adolescente que ha atravesado por este tipo de vivencias necesita obligatoriamente intervención profesional para neutralizar el impacto psicológico recibido y que no desvíe su conducta.
“Lo primero que hay que hacer es habilitar a ese niño emocionalmente, ya sea con terapias individuales, familiares y sicológicas en sentido general”, explica el especialista.
Agrega que también hay que garantizarles un sistema de apoyo que les permita tener los aspectos básicos, “independiente de que no vaya a sustituir lo que es el rol del padre o la madre”.
A consideración de Vergés, la principal necesidad es hacerlos sentir protegidos porque al morir la mamá (y el papá muchas veces suicidarse o ir a la cárcel), el niño queda en una situación de desprotección “muy grande” .
“Es importante darle seguimiento de manera inmediata a estos casos, porque cuando un evento de este tipo interrumpe la biografía del niño él se detiene en esa etapa de su vida y no sigue desarrollándose mentalmente.
Aunque en la actualidad en el país existen diversos programas encaminados por instituciones del Estado, tales como: la Vicepresidencia y el Ministerio de la Mujer, estos no cuentan con la capacidad para trabajar a profundidad estas situaciones, pues son limitados.
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