Tras la clausura del Año Santo 2025, el papa León XIV abrió formalmente una nueva fase de su pontificado al reunir en Roma al Colegio de Cardenales y adelantar las líneas centrales de una agenda orientada a la reforma de la Iglesia Católica.
En su audiencia general, el pontífice dejó claro que su principal referencia será el Concilio Vaticano II, cuyas enseñanzas definió como la “estrella polar” que debe guiar el camino de la Iglesia. Anunció que dedicará sus catequesis semanales a releer los documentos fundamentales de aquella asamblea de los años sesenta, subrayando que es necesario volver a sus fuentes para comprenderlas más allá de interpretaciones parciales.
El papa explicó que gran parte de los protagonistas directos del concilio ya no vive, por lo que consideró imprescindible acercar nuevamente sus contenidos a las generaciones actuales de fieles y líderes eclesiales. El Vaticano II marcó un antes y un después al promover la participación de los laicos, modernizar la liturgia y abrir el diálogo con otras religiones.
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Como primer gesto concreto de esta nueva etapa, León XIV convocó un consistorio con los cardenales de todo el mundo, con el objetivo de escuchar sus aportes y fomentar un discernimiento común sobre el rumbo de la Iglesia. La Santa Sede informó que el encuentro busca ofrecer apoyo al pontífice en el gobierno de una institución que agrupa a más de 1,400 millones de católicos.
Entre los temas previstos figuran la evaluación de documentos clave del pontificado de Francisco, la reforma de la burocracia vaticana y el impulso de una Iglesia más “sinodal”, es decir, más abierta a la participación y a las realidades de las comunidades locales.
Otro punto sensible en la agenda es el debate en torno a la misa en latín, cuya restricción en años recientes generó fuertes divisiones internas. León XIV, de origen estadounidense, parece dispuesto a abordar estas tensiones con la intención de buscar mayor cohesión dentro del catolicismo.
Actualmente, el Colegio de Cardenales está integrado por 245 miembros, casi la mitad de ellos con derecho a voto en un eventual cónclave. La presencia en Roma de figuras críticas de la etapa anterior sugiere que el nuevo pontífice busca recomponer puentes y abrir un periodo de mayor consulta y diálogo en la conducción de la Iglesia.