Legado de un gran líder

José Mármol
José Mármol

Václav Havel fue el primer presidente de la nueva República Checa. Había nacido en Praga, en 1936, y murió de cáncer en su país natal, en 2011.

Poeta, dramaturgo y político. Se vio forzado a estudiar dramaturgia por correspondencia, en los años 50, dado que, por su origen burgués, el régimen comunista le prohibió el acceso a la universidad.

En 1964 logró matricularse en la Facultad de Economía de la Universidad de Praga. Militante de la Primavera de Praga de 1968 y activo opositor a la invasión soviética de su país.

Hostigado y encarcelado múltiples veces por el totalitarismo, a causa de su lucha por los derechos humanos.

Fundador y principal exponente del Movimiento Carta 77. En 1989 lideró el Foro Cívico, inspirado en la Perestroika y bujía de la Revolución de Terciopelo, que dio al traste con el régimen comunista en ese mismo año. Pero, más que de su vida, fructífera y ejemplar, lo que quisiera en esta entrega es compartir con los lectores un fragmento de lo que, a raíz de la muerte de Havel, escribió el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman.

¿Por qué? Porque nuestros líderes deberían reflexionar acerca de si, una vez fallecidos, el pueblo pudiese recordarles de esta forma u olvidarse de ellos para siempre.

Esto así, porque la calidad del liderazgo mundial es uno de los graves problemas de los tiempos actuales. Las honras fúnebres de Havel, por un sentimiento de gratitud, fueron acompañadas por millones de personas en Praga. Bauman lo considera el último de los grandes líderes políticos y espirituales.

“En su despedida a Havel, aquella multitud doliente lloró a un líder político que, de forma radicalmente diferente a como operan los políticos de hoy en día, dio el poder a quienes no lo tenían, en lugar de despojarlos de las pocas migajas de este que aun conservaban”.

Subraya que “Havel fue uno de esos pocos líderes políticos/espirituales –cada vez más escasos- que puso en evidencia, y con gran trascendencia, la ironía y el desdén con el que la opinión tanto culta como popular ha tratado demasiado a menudo la capacidad de un individuo para cambiar el curso de los acontecimientos.

Los historiadores futuros colocarán muy probablemente el nombre de Václav Havel en la lista de los grandes individuos que ´marcaron la diferencia´ y sin los que el mundo no sería (ni podría ser) el que hemos heredado. (…) Despidiéndonos de Havel, la mayoría de nosotros –incluidos nuestros actuales dirigentes nombrados/electos, por reacios que sean a admitirlo- tenemos el derecho y el ineludible deber de vernos como enanos sentados a hombros de gigantes, de quienes Václav Havel fue, sin duda, uno de los más grandes.

En vano buscamos a nuestro alrededor sucesores de esos colosos, aunque sea esta una época en que los necesitamos más que nunca antes en nuestro recuerdo colectivo.” Y agrega: “Havel nos dejó en un momento en que las personas que están al frente de los Gobiernos nacionales, incluso los de los Estados considerados “poderosos”, son contempladas con una dosis sistemáticamente creciente de ironía e incredulidad.

La confianza en la capacidad de las instituciones políticas existentes no ya para controlar o cambiar el curso de la historia cuando sea necesario, sino simplemente para influir en él está mermando a pasos agigantados”. Verdad monda y lironda.

La nostalgia con que el sociólogo polaco despide al escritor y líder checo es característica del presente, cargado de incertidumbre, crisis económica, liderazgos por dinero y publicidad, inversión de valores, vacío existencial insolidario y consumismo delirante. ¿Cuál habrá de ser la estrategia vital para resistir?