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Las 213 vueltas al sol de Juan Pablo Duarte

El 26 de enero no es un día cualquiera en el calendario dominicano. Es el día en que la historia cumple años.

Hoy conmemoramos el 213 aniversario de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria, primer constitucionalista del país y joven atrevido, liberal, que decidió que la libertad no se pedía: se proclamaba.

Duarte fue juventud con ideas grandes. Fue cabeza fría y corazón ‘encendío’. Fue el muchacho que se atrevió a pensar en un país, cuando todavía éramos colonia del miedo.

El que nos liberó de la dictadura haitiana de Jean-Pierre Boyer, no solo con valentía, sino con algo aún más peligroso: una estrategia política impecable.

Con solo 25 años, señoras y señores, Duarte ya había hecho lo impensable: creó La Trinitaria, una sociedad secreta donde reunió a amigos de infancia, familiares y a todo aquel que quisiera sumarse al “coro de los Trinitarios”.

Tres en tres. Como un latido. Como una clave. Como una forma de blindar la libertad… !que montro!
Fue un plan maestro. Una coreografía política donde cada paso tenía tres disparos, no de pólvora, sino de oportunidad para ganar la libertad.

Cada célula de tres tenía una encomienda, y cada integrante, una posibilidad de cumplirla. Si uno caía, quedaban dos. Si fallaban dos, quedaba uno.

La independencia no dependía de una sola bala, sino de una arquitectura humana diseñada para resistir de 3 en 3.

Tan perfecto y tan astuto fue el plan de este muchachito, que cuando finalmente lo descubren y Duarte tiene que salir “juyendo” al exilio en Venezuela, y la independencia no se detuvo. Porque ya no era solo suya. Ya vivía en otros cuerpos, en otros corazones, en otras manos.

Sus otros dos trinitarios, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, terminaron lo que habían aprendido de memoria y de corazón. Un plan que había sido comunicado no con cartas ni discursos públicos, sino a través de obras de teatro clandestinas: La Filantrópica.

Ahí, sobre un escenario humilde, Duarte y su hermana Rosa Duarte redactaban con puño y letra los guiones.

Textos que parecían ficción, pero eran rutas hacia la libertad. Dramas que escondían instrucciones. Aplausos que marcaban el siguiente movimiento.

El teatro como código. El arte como conspiración. La cultura como arma silenciosa. !Ay Duarte que grande eres!
Y así, ese plan maravilloso, casi imposible, dejó de ser secreto el 27 de febrero de 1844 cuando después de el gran “juidero” de la historia, comenzamos a llamarnos República Dominicana. Libre e Independiente de toda potencia extranjera.

Si hoy tuviera a Duarte de frente, no le hablaría de estatuas ni de efemérides. Le daría las gracias.

Le daría un abrazo grande, de esos que no caben en los libros de historia. Y sí, lloraría junto a él al ver las cosas que han pasado en esta República Dominicana libre e independiente.

Lloraría no solo por lo que duele, sino por lo que todavía está pendiente.

Porque Duarte no nos dejó un país terminado. Nos dejó una tarea. Nos dejó una pregunta abierta: ¿Qué van a hacer ustedes con la libertad que diseñé con tanto sacrificio y con tanta soledad?


¿Cómo no celebrar tu cumpleaños, Duarte?
¿Cómo no sacar la bandera frente a mi casa como símbolo de orgullo?

¿Cómo no agradecer tu esfuerzo, tu sacrificio, tu intensidad casi obsesiva por la libertad?
Gracias por pensar un país antes de que existiera.
Gracias por creer que tres podían más que una dictadura.

Gracias por demostrarnos que la independencia también se escribe, se ensaya y se actúa.

Feliz cumpleaños, Juan Pablo Duarte.
Aquí seguimos. Todavía aprendiendo a ser la República Dominicana que imaginaste.

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