Las 14 patrullas hacia Samaná
Soy asiduo visitante a Samaná, adonde viajo entre 15 y 20 veces al año, y desde su inauguración, me traslado en la denominada autovía del Nordeste Juan Pablo II, pagando un peaje de ida y vuelta de unos RD$ 2 mil pesos, contribuyendo a que en menos de 7 años se haya pagado por completo dicha carretera, operada bajo una concesión de 30 años.
Al viajar esta semana tomé nota especial de las posibles condiciones por las cuales acontecen accidentes tan variados y en varios casos de consecuencias fatales muy lamentadas.
En primer lugar tenemos una velocidad máxima en sus tramos normales, descartando el tramo de los Haiteses, de unos 80 kilómetros por hora, obviamente demasiado conservador cuando unos 100 kilómetros por hora seria más apropiado.
Observaba bajo una llovizna persistente como en el tramo entre el primer y segundo peaje, y por varios kilómetros subsiguientes a este, el agua se posaba en el centro de la vía y en las huellas de los vehículos, evidenciando hundimiento y un bombeo insuficiente, permitiendo agua apozarse en amplios charcos en el centro de los carriles y en las huellas de las llantas.
En cuanto a las vallas de seguridad en las curvas, solo en el tramo de Los Haitises conté, antes de perder la cuenta, más de 8 secciones que requieren de reparación inmediata.
Vi parte de las anunciadas 14 patrullas de Amet, donde en ocasiones el conductor es puesto en más peligro cuando se tira el agente al medio de la pista, no siempre con intenciones amonestadoras o de sanción.
Sin embargo, el real causante de los frecuentes accidentes, es la incapacidad, irresponsabilidad y falta de escrúpulos de conductores temerarios y desconsiderados, quienes no son aleccionados ni retirados de la vía, y permanecen indiferentes e incapaces de controlar.
Mientras, los usuarios conducimos siempre alerta y defensivos cuando usamos esta carretera.
