El lenguaje de los pronósticos de crecimiento económico cercano al potencial se ha convertido en un denominador común entre las autoridades económicas de la República Dominicana. Tanto el Ministerio de Hacienda y Economía como el Banco Central suelen proyectar escenarios de expansión que buscan transmitir estabilidad, confianza y previsibilidad a los agentes económicos.
Y no podría ser de otra manera. La confianza constituye uno de los factores fundamentales para estimular la inversión, el ahorro, el consumo, la producción, las exportaciones y la planificación presupuestaria. Un escenario de crecimiento favorable puede contribuir a mejorar las expectativas de empresarios y consumidores y, con ello, fortalecer la actividad económica.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre pronosticar y garantizar. Un pronóstico económico es una estimación condicionada a determinados supuestos; no es una promesa sobre lo que necesariamente ocurrirá. La experiencia reciente de la economía dominicana demuestra hasta qué punto pueden cambiar las previsiones cuando aparecen acontecimientos extraordinarios.
El optimismo de los economistas
Los economistas somos, en cierta medida, optimistas por naturaleza —con la excepción, quizá, de quienes ejercen la oposición política al Gobierno de turno—. Tendemos a esperar que el futuro sea mejor que el presente y, en muchos casos, que los problemas económicos puedan ser superados mediante políticas adecuadas.
Esa disposición puede influir en la elaboración de pronósticos, especialmente cuando se proyecta el comportamiento de una economía durante períodos prolongados. Existe una tendencia a asumir que los buenos resultados del pasado constituyen una base suficientemente sólida para anticipar resultados similares en el futuro.
Pero la historia económica demuestra que esto no siempre ocurre.
La República Dominicana ofrece un buen ejemplo. Durante varios años mantuvo tasas de crecimiento elevadas, superiores al promedio latinoamericano y cercanas o incluso superiores a su crecimiento potencial. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 alteró radicalmente esa trayectoria.
En 2020 el PIB real dominicano se contrajo 6.7 %, para luego experimentar un extraordinario rebote de 12.3 % en 2021. Posteriormente, el crecimiento volvió a moderarse: 4.9 % en 2022, 2.2 % en 2023, 5.0 % en 2024 y 2.1 % en 2025, según las cifras del Banco Central. (IMF)
República Dominicana: pronósticos y crecimiento efectivo del PIB real, 2020-2026
| Año | Pronóstico de crecimiento* | Crecimiento efectivo | Diferencia aproximada |
| 2020 | 5.2 % | -6.7 % | -11.9 pp |
| 2021 | 5.5 % | 12.3 % | +6.8 pp |
| 2022 | 5.0 % | 4.9 % | -0.1 pp |
| 2023 | 4.0 % | 2.2 % | -1.8 pp |
| 2024 | 5.1 % | 5.0 % | -0.1 pp |
| 2025 | 3.0 % | 2.1 % | -0.9 pp |
| 2026 | 3.5 %-4.0 %** | 4.5 % enero-junio | No comparable todavía |
Fuente: Elaboración propia con base en informes y consultas del Artículo IV del FMI y estadísticas del Banco Central de la República Dominicana. Los pronósticos corresponden a estimaciones del FMI disponibles en las respectivas consultas; por tanto, no constituyen necesariamente el primer pronóstico publicado para cada año. Para 2020, por ejemplo, el FMI había proyectado 5.2 % en su consulta de 2019, antes de que la pandemia modificara completamente el escenario. (eLibrary)
** Para 2026, el Marco Macroeconómico y el BCRD contemplan un crecimiento anual de 3.5 %-4.0 %. A junio, el crecimiento acumulado del PIB se situaba en 4.5 %, por lo que todavía no puede hablarse de un resultado anual definitivo. (Banco Central de la República Dominicana)
La tabla revela algo importante: los pronósticos son indispensables, pero están sometidos a un elevado grado de incertidumbre. En 2020 ningún modelo convencional podía anticipar plenamente la magnitud del impacto mundial de la pandemia. La previsión del FMI de 5.2 % terminó enfrentándose a una contracción de 6.7 %. (eLibrary)
El año siguiente ocurrió exactamente lo contrario. Después de la profunda caída de 2020, el FMI proyectaba inicialmente una recuperación de 5.5 %, pero la economía terminó creciendo 12.3 %. La reapertura, la recuperación del turismo, la inversión, el consumo, las remesas y las políticas de estímulo produjeron un resultado muy superior al previsto. (IMF)
Este comportamiento constituye una advertencia sobre la dificultad de proyectar el futuro a partir de la experiencia inmediata.
La regresión hacia la media
El crecimiento económico, como muchas otras variables, está sujeto a fluctuaciones. A finales del siglo XIX, el estadístico inglés Francis Galton observó que los hijos de padres excepcionalmente altos tendían, en promedio, a ser más bajos que sus progenitores. Galton denominó este fenómeno “regresión hacia la media”.
La idea puede trasladarse, con las debidas precauciones, al análisis económico: un desempeño extraordinariamente bueno o extraordinariamente malo tiende, con el tiempo, a acercarse nuevamente a valores más normales.
En economía, esto significa que un país que experimenta varios años de crecimiento excepcionalmente elevado no necesariamente mantendrá esa misma tasa indefinidamente. De igual manera, una recesión profunda puede ser seguida por un fuerte rebote sin que ello signifique que la economía haya entrado automáticamente en una nueva etapa de crecimiento extraordinario.
Esta consideración resulta particularmente importante cuando se elaboran proyecciones de largo plazo.
Pritchett, Summers y el optimismo de las previsiones
Los economistas Lant Pritchett y Lawrence Summers han llamado la atención sobre la dificultad de interpretar las altas tasas de crecimiento como si fueran permanentes. En particular, sus trabajos cuestionan la idea de que los episodios excepcionales de expansión puedan prolongarse indefinidamente.
La experiencia dominicana posterior a la pandemia ilustra perfectamente esta dificultad. Después del crecimiento excepcional de 12.3 % en 2021, la expansión descendió a 4.9 % en 2022 y posteriormente a 2.2 % en 2023. El FMI estimaba en 2023 que la economía crecería alrededor de 4 % ese año y que posteriormente retornaría hacia su tendencia potencial. (IMF)
El fenómeno no significa que los pronósticos sean inútiles. Todo lo contrario. Significa que deben interpretarse como escenarios condicionados, sujetos a cambios en las condiciones internacionales, los precios de las materias primas, las tasas de interés, el comercio mundial, la inversión, la productividad, la política fiscal y monetaria y, cada vez más, los acontecimientos geopolíticos.
El peligro de sobreestimar el crecimiento
Una de las consecuencias más importantes de un exceso de optimismo en los pronósticos está relacionada con las finanzas públicas.
Si un Gobierno proyecta durante varios años un crecimiento económico superior al que finalmente se produce, también puede terminar sobreestimando los ingresos fiscales y subestimando la relación deuda pública/PIB.
El problema es sencillo: cuando el PIB crece menos de lo esperado, el denominador de la relación deuda/PIB aumenta más lentamente, mientras que el servicio de la deuda puede continuar creciendo. En consecuencia, una desaceleración económica inesperada puede deteriorar los indicadores fiscales aun cuando el Gobierno mantenga relativamente controlado el gasto.
Por ello, la prudencia en los pronósticos es también una forma de responsabilidad fiscal.
El FMI ha señalado precisamente la importancia de mantener una trayectoria sostenible de las finanzas públicas y advierte que los riesgos para las perspectivas de crecimiento pueden provenir de las condiciones financieras internacionales, la incertidumbre global y otros shocks. (eLibrary)
República Dominicana: entre el potencial y la realidad
La discusión adquiere especial relevancia en el caso dominicano porque durante muchos años se ha considerado que la economía tiene un potencial de crecimiento cercano al 5 % anual.
El propio FMI ha utilizado alrededor de 5 % como referencia de crecimiento potencial de mediano plazo, condicionado a que continúen la inversión, el crecimiento de la fuerza laboral y las mejoras de productividad. (eLibrary)
Pero crecimiento potencial no significa crecimiento garantizado.
El resultado de 2025 constituye una llamada de atención. Mientras el FMI proyectaba inicialmente una recuperación hacia niveles mayores, el crecimiento efectivo terminó en 2.1 %, de acuerdo con el Banco Central. Para 2026, el BCRD mantiene un escenario de recuperación, con una previsión anual de 3.5 %-4.0 %; entretanto, el crecimiento acumulado enero-junio alcanza 4.5 %. (Banco Central de la República Dominicana
El Banco Mundial, por su parte, proyecta para la República Dominicana un crecimiento de 3.6 % en 2026 y 4.4 % en 2027, lo que demuestra que incluso entre organismos internacionales existen diferencias razonables en las previsiones. (World Bank Group)
El FMI, en su consulta de 2025, era más optimista para 2026 y proyectaba un crecimiento de 4.5 %, antes de retornar gradualmente al 5 % de tendencia en el mediano plazo. (IMF)
Estas diferencias no deben interpretarse necesariamente como errores. Son el resultado de utilizar modelos distintos, fechas de corte diferentes y supuestos diferentes acerca de la economía mundial y de las políticas nacionales.
Pronosticar no es adivinar
La principal enseñanza de los últimos años es que la economía no se comporta como una línea recta.
La pandemia, la guerra entre Rusia y Ucrania, la inflación mundial, el endurecimiento monetario internacional, los cambios en los precios del petróleo y de los alimentos, las tensiones geopolíticas y las transformaciones tecnológicas demostraron que un acontecimiento inesperado puede modificar en pocos meses las perspectivas de crecimiento de una economía.
Por eso, el debate económico no debería centrarse exclusivamente en saber si un pronóstico será de 4 %, 4.5 % o 5 %. Lo verdaderamente importante es conocer qué supuestos sustentan esa previsión, cuáles son los riesgos que podrían desviarla y qué capacidad tiene la economía para responder ante escenarios adversos.
Los pronósticos favorables cumplen una función esencial: generan expectativas, orientan la inversión y ayudan a coordinar las decisiones de los agentes económicos. Pero cuando se presentan como certezas, pueden generar una percepción equivocada de seguridad.
La confianza es indispensable para el crecimiento; la prudencia lo es para sostenerlo.
Una economía saludable no es aquella que siempre pronostica tasas elevadas, sino aquella que tiene instituciones capaces de reconocer rápidamente cuándo las condiciones cambian y ajustar sus políticas.
En definitiva, el pasado puede ayudarnos a comprender el futuro, pero no puede garantizarlo. La experiencia dominicana de 2020-2026 demuestra que entre el pronóstico y la realidad existe siempre un margen de incertidumbre que ningún modelo económico puede eliminar por completo.
Por ello, más que una teoría de los pronósticos favorables, deberíamos hablar de una cultura de pronósticos responsables, en la que las autoridades económicas comuniquen no solamente el escenario más probable, sino también los riesgos, los escenarios alternativos y las condiciones necesarias para alcanzar las metas propuestas.
El autor es economista.
Bibliografía
- Banco Central de la República Dominicana (BCRD). Estadísticas económicas nacionales, Producto Interno Bruto e Indicadores de Coyuntura Económica, 2020-2026. (Banco Central de la República Dominicana)
- Banco Central de la República Dominicana. Resumen Ejecutivo del Programa Monetario 2026. Proyecciones del crecimiento económico y escenario macroeconómico para 2026. (Banco Central Dominicana)
- Banco Central de la República Dominicana. Comunicado de política monetaria, 30 de junio de 2026. Proyección de crecimiento de 3.5 %-4.0 % para 2026. (Banco Central de la República Dominicana)
- Fondo Monetario Internacional (FMI). Dominican Republic: 2019 Article IV Consultation. Proyecciones de crecimiento para 2020-2024. (eLibrary)
- Fondo Monetario Internacional (FMI). Dominican Republic: 2021-2025 Article IV Consultation. Proyecciones y evaluación de la recuperación posterior a la pandemia. (IMF)
- Pritchett, Lant y Summers, Lawrence H. Trabajos sobre episodios de crecimiento económico, regresión hacia la media y dificultades para extrapolar altas tasas de crecimiento hacia el futuro.