La tarea pendiente
- Las transformaciones no ocurren: se construyen.
Recientemente participé en un hermoso y emotivo homenaje a los héroes y mártires de junio de 1959. Un acto cargado de belleza, simbolismo y memoria. Un evento que hizo juicio a sus ideales.
Pensaba en los sueños que tenían esos valientes, en su mayoría jóvenes, de ver nuestra patria libre, de aportar a la construcción de una sociedad más justa. Pensaba en la nobleza de sus corazones, y el inmenso amor que albergaban en él. Lloré al pensar como esos corazones nobles dejaron de latir, como esas mentes brillantes se apagaron.
Algunos cayeron en combate en medio de las montañas, otros vilmente asesinados tras ser capturados y torturados con crueldad.
Lloré de rabia al reflexionar que esta democracia que hoy disfruta nuestro país, que tanta sangre nos ha costado, ha servido fundamentalmente a quienes han hecho de la política una forma de escalar social y materialmente, a los que han hecho de la democracia un instrumento para adquirir poder, riquezas y privilegios.
Los héroes de junio hicieron lo que tenían que hacer… ¿Pero qué estamos haciendo nosotros para cumplir con esos objetivos aún vigentes y cada vez más necesarios: un país sin tanta desigualdad, donde las instituciones sirvan para garantizar los derechos de la gente, donde las leyes sean justas y se cumplan igual para todos?
Hoy contamos con el mayor nivel de institucionalidad democrática de toda nuestra historia. Pero le estamos dejando el espacio a intereses muy similares a los que primaban en las dictaduras.
La democracia no es sólo votar cada cuatro años, la democracia es para que los mejores hombres y mujeres de esta patria tomen las riendas del destino de nuestra nación. Sólo así honraremos como es debido el sacrificio de tantas vidas valiosas. Sólo así haremos que tanta sangre derramada encuentre justificación en nuestras acciones.
Las transformaciones no ocurren: se construyen.
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