La subestimación estratégica de Irán

Fredery Burgos Sánchez
Fredery Burgos Sánchez

Las advertencias hechas por analistas y expertos en seguridad internacional respecto a la agresión militar de Estados Unidos y Israel contra Irán parecían, en su momento, simples proyecciones estratégicas. Sin embargo, los acontecimientos recientes demuestran que aquellas alertas no eran exageradas. Washington subestimó la capacidad de respuesta de Teherán, así como la compleja arquitectura geopolítica que rodea al Golfo Pérsico.

En medio de la escalada militar, el presidente Donald Trump ha intentado movilizar a los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para garantizar la seguridad del tránsito marítimo en el estratégico Estrecho de Ormuz. No obstante, varias potencias europeas han mostrado reticencias a involucrarse directamente en la operación militar, temiendo que una intervención mayor profundice el conflicto y desencadene una crisis regional de mayor escala.

El estrecho de Ormuz constituye uno de los puntos neurálgicos de la economía global, ya que por esta vía marítima transita cerca del 20 % del petróleo que se comercializa en el mundo. La amenaza de bloqueo por parte de Irán ha provocado una fuerte reducción del tráfico de petroleros y una creciente incertidumbre en los mercados energéticos internacionales.

Desde el punto de vista militar, el conflicto también revela una dimensión tecnológica y económica que redefine la guerra moderna. Mientras que los drones de fabricación iraní pueden costar apenas decenas de miles de dólares, los sistemas de defensa y misiles utilizados por Estados Unidos e Israel poseen costos considerablemente más elevados. Esta asimetría evidencia cómo las guerras contemporáneas pueden ser enfrentadas mediante estrategias de desgaste económico, donde actores con menor capacidad financiera logran presionar a potencias militares mediante tecnologías relativamente baratas.

Las repercusiones geoeconómicas de este conflicto ya se están sintiendo a escala global. La tensión en el Golfo ha impulsado el aumento del precio del petróleo y ha generado volatilidad en los mercados internacionales. Este fenómeno impacta de manera directa a economías emergentes y dependientes de la importación de combustibles, como ocurre en el caso de la República Dominicana, donde el incremento del precio internacional del crudo suele trasladarse rápidamente al costo de los combustibles y al transporte.

Sin embargo, el conflicto no puede analizarse únicamente desde la óptica regional. Detrás de la confrontación con Irán se perfila una disputa geopolítica de mayor alcance. En términos estratégicos, el objetivo final de la política exterior estadounidense parece estar vinculado al reposicionamiento del poder global frente al ascenso de China y al reordenamiento del sistema internacional. En ese sentido, como ha señalado el analista geopolítico Iván Gatón, las repercusiones de este conflicto podrían afectar indirectamente a países como India, una de las economías emergentes clave dentro del bloque BRICS.

La guerra, en este contexto, deja de ser un evento aislado para convertirse en una pieza dentro de un tablero geopolítico mucho más amplio. Las confrontaciones en Medio Oriente no solo responden a tensiones regionales, sino también a la competencia entre potencias por el control de rutas energéticas, equilibrios militares y áreas de influencia.

Por todas estas razones, la agresión militar contra Irán no debió ejecutarse. Las consecuencias geopolíticas, económicas y humanitarias son profundas. Miles de vidas se han visto afectadas: iraníes, israelíes, estadounidenses y ciudadanos de otras nacionalidades que han quedado atrapados en medio de un conflicto cuya magnitud aún está lejos de definirse.

Como reza el viejo adagio popular: guerra avisada no mata soldado. Sin embargo, en la política internacional contemporánea, las advertencias muchas veces se ignoran hasta que el costo humano, económico y estratégico se vuelve inevitable.

Sobre el autor

Fredery Burgos Sánchez

El autor es politólogo, egresado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Recinto San Francisco. Analista internacional y ensayista de temas locales, nacionales e internacionales.

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