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La salud mental en la agenda nacional

La salud mental ha sido, por décadas, una deuda pendiente en República Dominicana, donde profesionales de la salud, académicos y organizaciones sociales han advertido sobre el deterioro visible de la atención, la escasez de recursos y la falta de programas preventivos, mientras los casos de violencia, suicidios y crisis emocionales carecían de respuestas proporcionales.

No hay dudas de que ese lúgubre panorama puede comenzar a cambiar tras el anuncio de un plan integral por parte del ministro de Salud Pública, Víctor Atallah, en en un acto encabezado por el presidente Luis Abinader, acompañado por la vicepresidenta Raquel Peña y la primera dama Raquel Arbaje, en el Palacio Nacional.

En ese escenario y en presencia de otros funcionarios y la prensa, el Gobierno presentó un programa nacional de prevención, asistencia y tratamiento en salud mental, que incluye la nueva línea telefónica 811, gratuita y accesible desde cualquier punto del país, para atender crisis de ansiedad, depresión, violencia, duelo o emergencias emocionales.

El plan contempla, además, el aumento de camas hospitalarias de 137 a 500, de acuerdo a lo previsto para este 2026 y de las unidades de intervención en crisis, de 18 a 89, así como la construcción del Instituto Nacional de Neurociencia, como centro de referencia y formación especializada.
Este programa constituye un avance oportuno, con el que se reconoce que la salud mental es un derecho humano y que el Estado tiene la obligación de garantizarlo.

La facilidad de marcar tres dígitos (811) para recibir ayuda inmediata simboliza la democratización del acceso y la dignificación de quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad.

Esta línea será operada por más de 45 psicólogos clínicos, lo que adelanta que los ciudadanos entrarán por la puerta de la atención profesional que permitirá retenerlos o incorporarlos a la red pública sanitaria, de acuerdo a cada caso.

La situación de la salud mental en el país es alarmante y así lo confirma el propio ministro de Salud, al compartir resultados de estudios que revelan que el 5.7 % de la población padece o ha padecido de ansiedad, equivalente al 1.3 % más que las personas que han sufrido este mismo trastorno a nivel mundial (4.4 %).

Las estadísticas refieren también que el 4.7 % de la población padece o ha padecido de depresión, enfermedad cuyo promedio mundial es de 5.7 %.

Esos niveles de incidencia de ansiedad y depresión, que sólo son dos de las múltiples manifestaciones de enfermedades de salud mental, son más relevantes si se toma en cuenta el rango de exposición en los que opera la sociedad en estos tiempos de tecnologías y comunicación.

La era digital ha abierto espacios de conversación sobre salud mental, pero también ha expuesto a las personas a juicios públicos y a estigmas que han podido agravar su malestar, lo cual convoca a una respuesta más integral y concertada.

Uno de los aspectos a resaltar del plan que entra en vigencia como parte de los avances del Estado en el tema de la salud mental es la diversidad de instituciones que interviene en esta apuesta.

Entidades como la Oficina de la Primera Dama, la Oficina Gubernamental de Tecnologías de Información y Comunicación (OGTIC) y el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), mancomunados con el área de la salud, impulsan este plan, al que, además, deberían sumarse los ayuntamientos, como gobiernos locales de cada municipio.

La salud mental entra ahora en la agenda pública con la fuerza de un compromiso presidencial, por lo que se puede colegir que este es el comienzo de una nueva etapa para los dominicanos.

La sociedad debe recibir esta política con esperanza, pero también con cautela, ya que los desafíos acechan y, uno de ellos, es asegurar que la línea 811 y las demás medidas no se queden en promesas aisladas y realmente sean garantías de que, como establece el lema: “La salud mental (estará) en primer lugar”.

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