La revolución francesa
No nos referimos a la revolución en contra del sistema monárquico francés de 1789, llevada a cabo bajo el lema de la razón, la igualdad y la libertad. Más bien queremos llamar la atención hacia algunos hechos recientes que reafirman a Francia en la vanguardia del acontecer social.
En primer lugar, está el triunfo europeo del Frente Nacional para la Unidad Francesa (FN), el partido político nacionalista de ultra derecha que dirige Marine Le Pen.
Para sorpresa de muchos, se consagró como el primer partido de Francia al obtener un 25% de los votos en las elecciones para el Parlamento Europeo de 2014. La importancia de este liderazgo político radica en sus consabidas creencias de acabar con la doble nacionalidad, principios xenófobo y antisemita, aspiraciones de eliminar los sindicatos, cuestionador de la Unión Europea y demagógico por demás.
El segundo hecho es la propuesta del actual gobierno que preside Françoise Hollande, quien impulsa una reforma en pro de reducir los gastos estatales que llevaría las divisiones políticas de Francia de unas 22 regiones metropolitanas a tan solo 14, las cuales gozarían de mayor autonomía en la creación de empleos, gestión del transporte, educación y mantenimiento de infraestructuras.
Una iniciativa que pretende reducir el tamaño del Estado, en pro del ahorro de gastos y la descentralización del poder político y administrativo.
El tercer, más reciente y último hecho, ha sido la detención momentánea para fines de investigación del expresidente Nicolás Sarkozy, bajo el alegado delito de tráfico de influencias, para lo cual podría ser plausible de una condena de hasta 10 años. Un acto insólito, pero con precedentes en la historia política francesa.
Estos tres hechos recientes, habrán de influir enormemente en Francia y el resto de Europa, con seguras repercusiones para este lado del mundo.
