La política del silencio
La política del silencio se impone en el deporte y en la mayoría de los sectores de la vida nacional, excepto las iglesias y otros que se pueden contar con los dedos de una mano.
Lo que se ve es que nadie dice ni hace absolutamente nada. Estamos sordos, ciegos, mudos y sinvergüenzas.
Nadie quiere comprometerse ni con una denuncia, aunque el mal lo afecte directamente.
Se vive una especie de “España boba” mental, donde nada importa si no nos afecta directamente.
De seguir así, llegará el momento en que pereceremos ante la irresponsabilidad del silencio, unos por falta de coraje y otros por conveniencia.
Una situación similar o parecida se verifica hoy en la dirigencia deportiva, que ha perdido por completo el espíritu de lucha.
El presupuesto de 2015 se mantendrá en 2016, sin ninguna variación, lo que representa un retroceso, teniendo en cuenta el crecimiento de la población que cada año se integra a esa actividad.
Otro año más, y ya van 20, y prosigue el silencio cómplice, sin que nadie diga ni esta boca es mía, para que se entregue el Albergue Olímpico. ¿Cuáles causas originan este silencio? ¿Qué ata a la dirigencia deportiva para ser cómplice de esta barbaridad?
