La perfección II
“¿Por qué resulta doloroso cuando una pareja se separa? ¿Por qué se dan enfrentamientos violentos? ¿Y por qué se producen sentimientos de fracaso y culpa? Esto se da porque existe un vínculo.
Cuando un hombre y una mujer, vinculados por la consumación del amor, se separan y posteriormente buscan y encuentran nuevas parejas, pronto se darán cuenta que el vínculo con un segundo compañero no es el mismo que con el primero, porque el primer vínculo sigue actuando.
Así, pues, también el sentimiento de dolor y de culpa en la separación de un segundo compañero es menor que con el primero, y con una tercera pareja aún es menor, y a partir de la cuarta, casi no duele.
Una vez, un hombre me dijo que buscaba una relación duradera. Le pregunté: -¿Cuántas relaciones serias has tenido?
Contestó:
-Siete.
-Entonces ya puedes olvidarte. Ya no puedes establecer ninguna relación duradera.
Él me preguntó:
—¿No hay ninguna solución?
Le respondí:
—Sí hay una. Si respetas y reconoces esas siete mujeres; si tomas con amor aquello que te dieron y lo honras, y si en tu interior recoges aquello que te dieron para luego aportarlo a la nueva relación, entonces tendrás la posibilidad de lograrse.
El que existan vínculos anteriores no significa que ninguna relación posterior se pueda lograr. Ahora bien, se logra bajo la condición de que la relación anterior sea respetada y reconocida.
Cuando trabajo con personas que se encuentran en esta situación, le pido al hombre que le diga a su primera mujer: “Mi amor perdura”.
Así, ella es respetada y reconocida y queda reconciliada. Donde no ocurre así se dan embrollos, ya que la pareja anterior suele ser representada en la nueva relación por uno de los hijos, sin que nadie sea consciente de ello”.
