La oposición y el mismo juego a la segunda vuelta
Insisto. Los líderes de la oposición cometen un error al declarar que está jugando a una segunda vuelta. Vi al propio doctor Luis Abinader pronunciarse en ese sentido.
También la candidata presidencial Minou Tavárez, dijo en esta semana que al danilismo solo puede ganársele en segunda vuelta.
Podría ser cierto el pronóstico de que habrá segunda vuelta, pero los efectos inmediatos que dejan pronunciamientos como esos son negativos.
Decir que se juega a una segunda vuelta es reconocer de entrada la debilidad propia frente a la fuerza del contrario. Es como decir, perderemos en el primer enfrentamiento, y ya veremos lo que pueda pasar en el segundo.
Eso reduce el entusiasmo y genera resignación, le baja el ánimo a los seguidores propios; es ir a un torneo en el cual se admite de entrada la derrota en primera instancia, contando con lo que pueda ocurrir después. Mucho peor aún cuando lo previsible es que antes de una eventual segunda vuelta, van a estar presentes los mismos elementos que hoy se toman como excusas para negarse a la formación de un solo bloque opositor.
Además, a la gente común nunca le resulta grata la idea de la segunda vuelta, mucho menos después de quedar casi extenuada al final de una campaña electoral tan larga como han sido siempre las de nuestro país.
El partido en el poder le ha cogido la seña a sus contrarios y sus voceros pregonan sin cesar que ganarán en primera vuelta. Y es verdad que son fuertes, pero no invencibles.
Todo depende de la capacidad de sus opositores para formar una alianza única e indispensable, persuadir al pueblo y ponerlo en acción.
Así lo ha probado la historia. Respetando las diferencias, puede decirse que Ramfis Trujillo y Balaguer parecían invencibles en 1961 y el pueblo los venció.
Al mismo Balaguer en 1978, lo sacó del poder una voluntad nacional contra la cual no pudo prevalecer una maquinaria de poder que parecía inconmovible.
Desde luego, en ambos casos hubo un liderazgo político claro en el objetivo que buscaba y creó una voluntad de cambio, la unificó en una sola dirección y la dirigió hacia un fin político preciso.
Esa es la tarea de las fuerzas opositoras y a eso no contribuyen ni prédicas derrotistas ni el confiar la suerte al Dios dirá.
