La noticia ya no es noticia, es sensacionalismo, es lodo y sangre

Fausto Polanco
Fausto Polanco, editor de espectçulo, autor de los libros Merengueros y Célebres Músicos Dominicanos.

Es una ironía profunda y dolorosa. El contraste entre la formación académica de un periodista y la realidad laboral actual demuestra un colapso en los valores de la profesión y eso se nota cada día en cada medio de comunicación en la República Dominicana y en el mundo.

Aunque tengo la convicción que en este pedacito de tierra es donde más desinformación tenemos a diario y eso me causa mucha pena y a veces náuseas, pero es la moda y es lo que hay que ofrecer.

La noticia ya no es noticia, es sensacionalismo, es lodo y sangre, es pleito entre los comentaristas en la cabina, es "jaladeras de moños" entre las mujeres, es puñetazos y bofetadas entre hombres, es imprudencia, es como competir por que el que más fuerte hable y el que más malas palabras utlice en el espacio que comparten en unm nedio de comunicación.

Y es cierto. El periodismo actual atraviesa una crisis de identidad sin precedentes. La vieja máxima de informar con objetividad, contrastar las fuentes y buscar la verdad ha quedado sepultada bajo una avalancha de algoritmos, clics rápidos y mercantilismo emocional.

Hoy en día, la información rigurosa aburre a las masas; lo que vende es el escándalo. Hemos pasado de la era de la información a la era del espectáculo macabro. La noticia ha dejado de ser un servicio público para convertirse en una mercancía vestida de tragedia.

El verdadero problema radica en que los criterios tradicionales de la noticia han sido sustituidos por el morbo. Ya no importa el impacto social de una reforma, la profundidad de un análisis económico, del entretenimiento o el trasfondo de un conflicto geopolítico. Importa el detalle escabroso, la lágrima en primer plano y el grito en cualquier escenario.

La crónica roja y el amarillismo han colonizado las portadas de los medios tradicionales y digitales. El dolor ajeno ya no genera empatía, sino entretenimiento masivo; se consume como si fuera una serie de ficción, vaciando de dignidad a las víctimas y desensibilizando a la sociedad.

Esta degradación responde a la tiranía del clic. En el ecosistema digital, el éxito de un medio no se mide por la calidad de su investigación, sino por las métricas de tráfico y el tiempo de permanencia en la página.

Para alimentar este monstruo insaciable, se recurre sistemáticamente al lodo y a la sangre: titulares engañosos, exposición innecesaria de cadáveres y linchamientos mediáticos antes de cualquier juicio legal. El lodo de la difamación y la sangre de la violencia se han convertido en el combustible que financia a las grandes corporaciones de la comunicación.

Es urgente que el público reaccione ante este panorama y exija un retorno a la ética. Consumir este tipo de contenidos nos hace cómplices de la destrucción del tejido democrático, el cual necesita ciudadanos informados, no espectadores escandalizados.

Los periodistas y editores deben recordar que su voz importa cuando ilumina la realidad, no cuando la deforma para ganar audiencia. Si permitimos que el periodismo se ahogue definitivamente en el fango del sensacionalismo, perderemos la herramienta más poderosa que tenemos para entender el mundo y defendernos de la injusticia.

Sobre el autor

Fausto Polanco

Editor de Espectáculos. Autor del libro Merengueros.