La muerte del “amateurismo”
El deporte en sus diferentes vertientes , desde el mismo origen de la humanidad, siempre ha tenido mejor valoración que cualquier otra actividad, cuando trata de lograr el máximo desarrollo físico y mental.
De ahí surgen los llamados principios olímpicos, cuya lema central era y continúa siendo“Mens sana in corpore sano”, es decir, “mente sana en cuerpo sano”, atribuida al poeta latino Décimo Junio Juvenal, quien vivió a finales del siglo I y comienzos del siglo II en Italia.
Esa frase luego fue adoptada por los organizadores de competencias, y toma mayor relevancia cuando la hace suya el Comité Olímpico Internacional.
Eran los tiempos en que las competencias se realizaban con el único objetivo de demostrar supremacía de un individuo o de una raza o pueblo sobre otra.
En esa transición aparece Pierre Fredy de Coubertin, (barón de Coubertin) un historiador y pedagogo francés quien creó los Juegos Olímpicos de la era moderna.
La idea de Courbertin fue restaurar los Juegos Olímpicos que se efectuaban en la antigua Grecia, con el único objetivo de fomentar el deporte a escala mundial con fines educativos, jamás con fines materiales.
Por esa razón, los atletas se llamaron amateur, es decir, que practica por placer una actividad, generalmente deportiva o artística, sin recibir habitualmente dinero a cambio.
De un tiempo a la fecha, esa situación ha dado un giro de 180 grados, porque ahora en todas las ligas pagan a sus atletas de diversas formas.
Esa situación ha hecho que desaparezca el “amateurismo”, porque ligas y clubes dan incentivos para tenerlos en sus filas y obtener beneficios aparentemente “intangibles”.
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