La misma lucha con otros métodos

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Confío y deseo que cuando estas líneas se publiquen, ya varios candidatos opositores que aspiraron a diversos cargos en Santo Domingo Este, hayan cambiado el método de la huelga de hambre iniciada por ellos hace más de una semana y estén manteniendo sus demandas por otros medios.

Tal y como se lo sugirió un grupo de periodistas de clara trayectoria democrática, representados por Juan Bolívar Díaz, Ramón Colombo y Fausto Rosario, que visitaron a los huelguistas el pasado miércoles, para expresarles su solidaridad y su reconocimiento, y la disposición de acompañarlos en sus reclamos canalizados por las vías institucionales y basados en pruebas concretas o evidencias razonables.

Como promotor y testigo que fui de esa visita, reitero mi solidaridad con sus propósitos y ojalá la petición de los visitantes haya sido ponderada por los compañeros Manuel Jiménez, Juan Hubieres y todos los que se lanzaron valientemente a un acto de sacrificio tan grande como el ayuno indefinido.

Una huelga de hambre se sostiene a costa de la salud, la integridad física y hasta la vida de quien la inicia. Hay que tener una convicción muy firme, un temple y una disposición de resistencia a toda prueba. Estos huelguistas han demostrado tener esos haberes morales.

Vienen de participar en un proceso electoral sumamente disparejo, viciado por incontables irregularidades y trampas, proceso en el cual el partido de gobierno apabulló a sus oponentes con un despliegue inusitado de recursos, y sin detenerse en reparos legales ni morales en su afán por quedarse con todo, desde el poder central hasta el último de los regidores.

Los candidatos en huelga que tuvieron el valor de enfrentar ese reto, se han sentido burlados y atropellados, y con justificada indignación han reaccionado en consecuencia.

Lo menos que merecen es reconocimiento y solidaridad y no hay dudas de que los han recibido en abundancia. Así, pueden considerar cumplidos los objetivos morales de su protesta. Ya ganaron moralmente, su denuncia ha sido harto conocida.

Le han servido a la democracia y la justicia, y no hay derecho a aconsejarles que se rindan. No obstante, y como sus vidas de luchadores pertenecen a una causa, esas vidas no deben exponerse más allá de lo debido y esas energías que se consumen en el ayuno, deben cuidarse y preservarse para ponerlas en juego en las muchas batallas que faltan por librar.