La masacre de la calle Espaillat

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Historia viva. Espero que estas notas salgan sobrando, porque los dirigentes de las organizaciones juveniles, hayan recordado el compromiso histórico el compromiso de conmemorar una de las más importantes efemérides de lucha de la juventud dominicana, la masacre de la calle Espaillat.

20 de octubre de 1961. Las masas populares habían roto la pasividad forzada impuesta por la tiranía trujillista, habían salido al ruedo para exigir libertad y muy concretamente, la salida del país de los parientes del tirano ajusticiado la noche del 30 de mayo.

La juventud hacía su aporte y en este caso, grupos de estudiantes tomaron las calles de la zona intramuros y con el respaldo de los residentes declararon territorio libre a Ciudad Nueva. En la calle Espaillat, los muchachos colocaron barricadas, subieron a las azoteas y con tubos de hierro, piedras y otros objetos se dispusieron a resistir.

La Policía trujillista cargó contra ellos y corrió la sangre. El símbolo de aquella jornada fue el mártir Tirso Roldán Vargas Almonte, quien rondaba apenas los veinte años. Decenas de heridos, golpeados, detenidos, ante el grito de indignación de los vecinos.

Esa indignación subió al tope cuando, en un discurso desde el Palacio Nacional, el presidente Joaquín Balaguer dijo, palabras más o menos: Sean mis primeras palabras, para felicitar a la Policía Nacional por el comportamiento civilizado que ha observado al enfrentar los desórdenes de los grupos juveniles en las calles de la capital.

Aquella jornada del movimiento estudiantil y juvenil reviste una señalada importancia histórica y la generación actual no debiera dejarla pasar sin la merecida recordación. Aquellos muchachos estaban hechos del mismo material que producía la dictadura trujillista, jóvenes educados en el culto y la adoración a Trujillo, en la sumisión y la obediencia ciega a todo lo que significara la autoridad, en el miedo.

Y cuando la capital se llamaba todavía Ciudad Trujillo, se sobrepusieron a esas malas influencias y se lanzaron a la lucha.

Temprano señalaron un camino a la juventud; entonces, los jóvenes conscientes del presente están en el deber de no pagar con olvido, y en este 65 aniversario, dedicarle, por lo menos, un voto público de recordación y una protesta solemne de lealtad a los que escribieron aquella página memorable.

Como joya preciosa de aquel episodio, sobrevive el distinguido amigo y prominente personalidad del periodismo don Ercilio Veloz Burgos, que puede aportar su testimonio a quienes se interesen por conocer detalles de aquella lucha memorable.

Sobre el autor

Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.