La libertad sindical, la ausente
La demanda del derecho a la libre asociación de los trabajadores parece no tener dolientes, ni importarle a nadie. Nadie habla de ella, nadie la exige ni la levanta como consigna.
Hasta el grueso del movimiento de izquierda se olvidó de ella, como si hubiese desertado del deber que, por definición, le corresponde de reclamar un derecho sin cuyo ejercicio pleno no puede hablarse con propiedad de derechos humanos y democracia.
Con la bendición de los sucesivos gobiernos, la patronal destruyó casi por completo el otrora vigoroso movimiento sindical dominicano.
Que la izquierda favoreció con determinados errores ese designio, no lo discuto, lo reconozco. Pero el hecho irrebatible y contundente es que hoy por hoy el derecho de los obreros a la libre sindicalización está cancelado.
La libertad y la democracia se detienen en las puertas de las fábricas y otros centros de trabajo. Son contados los empresarios que toleran la creación de sindicatos en sus empresas.
Mientras tanto, los empresarios sí tienen sus asociaciones respectivas, las tienen sus mujeres, también los jóvenes empresarios tienen la suya.
Correcto. Es su derecho. Del otro lado, en cambio, cero derecho a crear sindicatos en las fábricas, cero derecho a la asociación de los empleados públicos, cero asociaciones de empleados del comercio, de empleados bancarios; en las zonas francas el sindicalismo es tema tabú y ni qué decir del sector turismo, para no hablar de los obreros agrícolas, a todos los cuales, en el papel, el Código laboral les reconoce el derecho a asociarse con fines reivindicativos.
Esa es la verdad monda y lironda y lo peor es que en medio de una campaña electoral, esa injusticia no parece preocuparle a nadie.
Como si fuera cualquier cosa el que a millones de ciudadanos se les impida el muy humano derecho a asociarse para la defensa de sus intereses laborales. Como si se hubiese renegado de una demanda que hasta bajo la tenebrosa tiranía trujillista encontró defensores en hombres como Mauricio Báez, Ramón Grullón, Justino José del Orbe y Nando Hernández.
Dónde se perdió el ejemplo glorioso de esos hombres. Que alguien se inspire en ellos y les exija a los candidatos presidenciales ir más allá de la cháchara electorera y asumir un compromiso público con la olvidaba causa de la libertad sindical. Eso espero. ¡¡¡ Arre, mi querido Rocinante…!!!
