La ley entra por casa
Hace poco el primer ministro de Israel promulgó una ley que condena a la horca a los autores de actos terroristas. Una ley hecha como un traje a la medida, para aplicársela a los de la resistencia palestina, a los cuales las autoridades israelíes siempre han calificado de terroristas.
No queda claro es si las ejecuciones de esos combatientes, que desde siempre y hasta ahora Israel ha llevado a cabo por cualquier medio, en lo adelante van a practicarse en las plazas públicas con un público como espectador del espantoso espectáculo.
De cualquier modo, hay algo que obliga a uno a preguntar. Si a la cabeza del Estado sionista ha estado desde hace tiempo un personaje con un largo historial de violencia y terrorismo contra los pueblos árabes, especialmente contra el pueblo y la nación palestinas; si ese mismo personaje que ahora promulga la precitada ley, ha ordenado los bombardeos más destructores y mortíferos de la historia en la franja de Gaza, con saldo de más de setenta mil víctimas mortales, gran parte de ellas niños; si por orden del mismo gobernante, Israel ha reducido a escombros barrios enteros de poblaciones del sur del Líbano y causado también allí millares de muertes.
Si sobre ese personaje pesa una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional porque, según el texto del mandato de prisión, se encontraron motivos razonables para acusarlo de cometer crímenes de guerra, usar el hambre como arma de guerra, dirigir ataques intencionales contra la población civil, cometer crímenes de lesa humanidad y actos inhumanos en perjuicio de la población de Gaza.
Si de la CPI son miembros 124 países que están obligados a arrestar al acusado si pisa territorio de los mismos; si para evadir la captura, el gobernante prófugo se ha encerrado en su país, sólo viaja a Washington a coordinar acciones del mismo corte terrorista y genocida de los crímenes de terrorismo y lesa humanidad por los que se le persigue internacionalmente.
Si la reincidencia será siempre una agravante y no un atenuante, se sobreentiende que el aludido jefe de Estado es un terrorista incorregible.
Y si en Israel ha entrado en vigencia la ley que manda a ahorcar a los terroristas, y como la ley debe entrar por casa, acojo la pregunta que días atrás me hacía un amigo mío: ¿Cuándo colgarán al gobernante que promulgó esa ley?
