La ley al revés

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

No nos salva ni checheré. El orden público al borde del colapso, sucumbe a pasos seguros la disciplina social y las normas de la convivencia se van a pique.opinion 46

Se dirá que la solución es aplicar las leyes, pero vamos entrando en una fase terminal de la descomposición y ahora las leyes se aplican, pero al revés.

Conozco el caso del que pagó los impuestos para la renovación de la licencia de su arma de fuego. Hacía varias semanas que el permiso de rigor estaba vencido, pero se puso al día, con prueba antidrogas y todo.

Como no llegaba el carné empezó a llamar a unos teléfonos imposibles del Ministerio de Interior, y no fue sino a los cuatro meses cuando recibió el dichoso documento, con la señal de que le habían puesto una falta porque se había tardado en el pago del impuesto.

Nadie sancionó a la autoridad que impuso la sanción, por la morosidad para entregar el carné, y en este caso el sancionado fue la víctima.

Otro. El amigo al que le robaron los retrovisores de su carro, salió hacia la parte alta de la ciudad, a comprar tal vez los mismos espejos que le habían sido robados. Por el camino le ponen la multa por circular sin los espejos y por más explicaciones que dio, fue castigado por partida doble. Mientras el ladrón se quedó impune. Por nueva vez la ley se aplicó a la víctima.

Esta me sucedió a mí. Preparé mi vehículo para sacar la revista. Linterna, botiquín, luces, triángulo reflector, extinguidor, escobillas del limpiavidrio.

Cuando me presenté a la oficina correspondiente el inspector pasó por alto todo esto y él mismo vino y me estampó el marbete en el cristal del vehículo.

Días después, yo que había cogido tanta lucha para pasar la prueba, me encuentro con uno de los dichosos operativos de expedición de la revista montados para facilitar las cosas a los morosos, y veo cómo, con apenas alguien enseñar fotocopias del seguro y la matrícula, sin presentar el vehículo siquiera, se la entregaban después de hacer una corta fila. Me sentí burlado, aunque la principal burlada fue la ley, que una vez más se aplicó al revés.

No hablaré del joven moderno que va chateando por su celular, a paso de tortuga bajo el semáforo. Me obstaculiza, no me deja avanzar, la luz cambia y me coje el rojo en la misma esquina, el imprudente termina su conversación, arranca con chirrido de gomas y todo, y quien queda en manos del policía que está más adelante soy yo.

Entonces, que Dios nos coja confesados.