La juventud empaca los sueños

El periodista Ricardo Vega
Ricardo Vega

La República Dominicana enfrenta una crisis silenciosa que no se mide en puntos de inflación ni en déficits fiscales, sino en maletas listas para partir.

No Hablamos de un deseo pasajero de vacacionar, sino de una mayoría significativa de la fuerza viva del país que no ve un futuro viable dentro de sus propias fronteras.

El dato duele, pero urge enfrentarlo sin rodeos. Un estudio de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) pone números a una realidad que se respira en las calles: más de la mitad de los dominicanos de entre 18 y 35 años contempla la idea de emigrar.

El panorama es todavía más alarmante entre los más jóvenes; un demoledor 66.1 % de los menores de 21 años afirma que su plan de vida no incluye quedarse en RD.

No estamos ante una simple estadística migratoria; estamos frente a una fuga masiva de futuro. La juventud no se marcha por falta de arraigo o desamor a su tierra. Se va porque las estructuras actuales los empujan a las terminales de los aeropuertos.

Las razones que detalla el informe de ANJE componen una radiografía perfecta de nuestras asignaturas pendientes como sociedad: la falta crónica de empleos dignos, salarios que rozan la supervivencia, un sistema educativo estancado, el miedo constante ante la inseguridad ciudadana y el precario acceso a la salud.

Un país que expulsa a su talento joven es un país que hipoteca su propio desarrollo. La diáspora actual tiene un rostro predominantemente menor de 34 años. Significa que estamos exportando nuestra fuerza laboral más dinámica, las mentes más innovadoras y la base productiva que debería sostener la economía y los sistemas de seguridad social en las próximas décadas. El vacío que dejan no se llena con remesas.

La pregunta obligatoria no es por qué se van, sino qué estamos dejando de hacer para que decidan quedarse.

Retener el talento joven requiere voluntad política y reformas estructurales profundas: transformar el crecimiento económico en empleos formales de calidad, elevar los salarios reales, garantizar calles seguras y ofrecer servicios públicos que no parezcan un castigo.

Si no actuamos con urgencia, seguiremos siendo una nación que ve partir su mejor capital en un vuelo de ida, mientras nos quedamos aplaudiendo la nostalgia desde la distancia.

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