República Dominicana es una gran potencia de la música a nivel mundial, creo que esa afirmación no requiere de ningún reconocimiento, todos los que nacimos aquí lo sabemos. Y también los ciudadanos de todo el mundo.
Los diversos géneros creados en esta tierra, sus exponentes fuera de serie, su calidad, la creatividad, los multi y variados colores, el ritmo contagioso lo hemos bailado por décadas y generaciones desde hace un siglo.
No pasa una celebración de los Grammys Latino sin que nos llevemos uno o más premios, los artistas nuestros en sus diferentes géneros son altamente reconocidos. Gente que se han superado saliendo en variados casos “desde abajo” y que han logrado la prosperidad en base a un trabajo duro y tesonero.
Como estudioso de la ciencias económicas y sociales la pregunta obligada es ¿cuál es el aporte a la economía producto de la música? En verdad es un dato difícil de obtener, pero esta industria le aporta al PIB cerca de un 1.5 al 3% y cuidado. Su cuantificación es tarea compleja, los bailes, los discos, los músicos, los estudios de grabaciones, las giras locales, los conciertos internacionales, las celebraciones institucionales locales, celebraciones privadas, sus intervenciones en programas de tv y otros medios son dignos de consideración.
Ahora bien, se requiere que como parte de una política estatal de fomento se apoye a nivel de los liceos (algunos poseen los instrumentos y los profesores) para que nuestro país se fortalezca dada las condiciones, la historia y la calidad en un área bendecida en esta tierra. Los relevos musicales en distintos géneros requieren de fortalecimiento institucional para tener nuevos componentes y potenciar aún más lo logrado.
La industria musical viene fortaleciéndose desde los años 80s, pero si miramos atrás se sembró desde la época de Trujillo. Hemos atravesado desde el siglo pasado hasta el presente con mucha calidad, originalidad, ritmo y sabor, contagiando al mundo, hasta un punto que desde que decimos que somos dominicanos es asociarnos a la alegría, a la felicidad.
Las distintas academias musicales privadas como por ejemplo la de Patricia Logroño que ya tiene en su haber más de tres décadas dedicada precisamente a desarrollar el talento musical con una labor callada merece apoyo estatal y de empresas privadas tal y como lo hacen los países avanzados que miran precisamente el horizonte del desarrollo.
Es hora de que impulsemos de manera oficial la industria de la alegría la que nos distingue de las demás naciones, la que pone el sello del “ser dominicano” no podemos dejar que este árbol tan frondoso crezca de manera silvestre, así es difícil. Los países que progresan son aquellos que potencian sus productos y lo elevan en su calidad a niveles superiores.
Aquellos países innovadores que invierten en sus fortalezas naturales están destinados a progresar a través del tiempo. La fórmula Investigación más desarrollo más innovación tiene en este sector de la economía naranja un plato fuerte. Se requiere de manera urgente una política integral con visión presente y futura que eleve a través del Ministerio de Cultura, del Ministerio de Educación y del Ministerio de Ciencia y Tecnología a esta actividad de tantos aportes a la dominicanidad.
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Tomás Guzmán Hernández
Economista y contador público, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con maestrías en Administración Pública (PUCMM), Manejo Sostenible del Agua (PUCMM), Contabilidad Tributaria (UASD) y Riesgo de Desastres y Gobernanza del Cambio Climático (Universidad Alfonso X el Sa...