La Independencia nacional: Algunas notas al pie: Báez.

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Miguel Febles

La particular celebración de El escribidor de los 200 años de la Independencia Efímera fue concluida con una nota en la que se hizo referencia a unos cuantos de los fundadores que según un punto de vista, que puede llegar a ser particular, se encuentran integrados en los rasgos generales del dominicano de hoy.

Ahora les serán dedicadas algunas líneas extras a Buenaventura Báez, por razones también particulares.

Con tres libros a la mano: “Buenaventura Báez”, publicado por José Báez Guerrero en el pasado año 14, una vindicación; la investigación de Mu-Kien Adriana Sang, “Buenaventura Báez, el caudillo del sur (1844-1878)”, del año 1991, y “Papeles de Buenaventura Báez”, de Emilio Rodríguez Demorizi, 1969, parece innecesaria una nota biográfica.

Pero a lo largo de la serie de doce notas se dijo de Báez que se había obstinado en anexar el país a los Estados Unidos de América, que su fracaso cerró el proceso independentista dominicano y que había sido un taimado.

De su contrario político se dijo que, por su carácter, era el tipo de caudillo que necesitaba la débil nación dominicana, y aunque parezca absurdo, querellas y contradicciones del siglo xix pueden llegar al siglo xxi.

¿Por qué taimado? Por astuto. Dedicarse a la política bajo la ocupación haitiana no era ser partidario de la única e indivisible de la constitución de Toussaint Louverture, como lo demostró a lo largo de su vida; ni ser un cuadro de la política del haitiano de turno, Boyer; era astucia, como lo fue irse a España tras la anexión a buscar la condición de mariscal y escribir una carta a la reina Isabel II, renunciando a la tal condición, cuando cayó en la cuenta de que la incorporación del país de los dominicanos a España había fracasado, y como lo fue administrar lo suyo junto con lo del Estado (Mu-Kien, obra referida, Pág. 35), porque era rico de cuna.

María Moliner, en su Diccionario del Uso del Español, tiene para taimado varias accesiones, la primera, obstinado; la segunda, persona astuta.

Un vicio de la política dominicana, el endeudamiento para administrar, lo encontramos arraigado en Báez (Jesurum, Hartmont…). Y si hoy día los administradores siguen atados a esta manera de proceder puede deberse a otro vicio muy dominicano, el de insultar en vez de auscultar en el pasado como el que se mira en un espejo roto y se esfuerza por comprender la imagen.

Haber tenido a Báez cinco veces en la Presidencia de la República no habla bien ni mal de este caudillo, lo muestra tal cual, y refleja, en cambio, al pueblo dominicano en su incapacidad de reflexión, de generar alternativas (ayer como hoy) y de tratar a los políticos profesionales con el cuidado debido.

Como lo ve El escribidor, la obstinación de Báez con la Presidencia se explica porque se acostumbró a administrar lo suyo desde el gobierno.

Al otro, su contrario, también les serán dedicadas unas líneas en otra nota al pie.

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