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La importancia de esa conmemoración

Rafael Chaljub Mejía Por Rafael Chaljub Mejía
La importancia de esa conmemoración
Rafael Chaljub Mejìa

La conmemoración de los cincuenta años del asesinato del periodista Orlando Martínez ha revestido una importancia que es necesario destacar.

Se le ha rendido tributo a un joven intelectual de sobrado talento, actitud frontal y militante que denunció los poderes locales e internacionales culpables de las desgracias de esta patria.

Lo conocí personalmente apenas días antes de morir, cuando en un gesto amistoso fue junto a Magaly Pineda a saludar a Fafa que entonces guardaba prisión en La Victoria.

Era imposible suponer siquiera que aquel muchacho lleno de vida tenía la muerte a mansalva pisándole los talones.

Así eran las cosas en esos tiempos. Y la importancia de esta conmemoración se agranda, porque sirve para recordarles a los de más edad y enseñarles a los más jóvenes, que aquí hubo una época en la cual el Estado, siempre bajo la asesoría de los norteamericanos, era el principal practicante del terrorismo y todos los métodos de la guerra sucia.

Aún antes de concluir la Guerra de Abril de 1965, ya agentes yanquis organizaban comandos terroristas en la base aérea de San Isidro para salir a perseguir y matar opositores al gobierno de Joaquín Balaguer, impuesto por los propios norteamericanos.

Al cabo de los doce años que duró ese régimen, quedaron sobre el campo más muertos que todos los caídos en los últimos tres meses de la guerra.

Había una oficialidad y un personal especializados en esa tarea y para matar a Orlando se puso en movimiento. La decisión estaba tomada, en una reunión de altos jefes militares, uno de ellos le dio la orden al que dirigió el operativo del asesinato.

Joaquín Pou Castro, alto oficial de la Fuerza Aérea, confeso encargado de la persecución que culminó con las ejecuciones respectivas de Otto Morales y Amín Abel, entre otras de sus hazañas.

Todo eso quedaba impune, Pou Castro luego fue premiado y ascendido a general y fueron necesarios más de veinte años de sostenido esfuerzo de los compañeros de partido, la familia de Orlando y la opinión democrática para que este terrorista y algunos de sus secuaces fueran condenados en los tribunales.

Aunque el presidente, jefe político superior de aquel período y los que transmitieron la orden criminal nunca respondieron por sus culpas.

Pero lejos de darnos por vencidos, hagamos que esta conmemoración sirva para honrar a Orlando, rememorar aquel entonces y pasarle juicio histórico y moral a todos aquellos crímenes y a sus protagonistas.

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Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.

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