La historia de “Chévere”, el hombre que lleva 30 años vendiendo pescado en Boca Chica
El veterano vendedor asegura que esta ha sido su peor Semana Santa, con pocas ventas y la incertidumbre de no recuperar su inversión
Santo Domingo. – Bajo el sol intenso y con la brisa salada que llega desde el mar, Pablo Rosendo, mejor conocido como “Chévere”, observa sus mesas casi vacías.
Lleva más de tres décadas haciendo lo mismo, freír pescado, atender clientes y ganarse la vida con dignidad en la playa. Pero este año, asegura, algo es distinto.
“Para mí esta Semana Santa está peor”, dice mientras acomoda uno de sus productos, esperando a un cliente que no llega.
Rosendo no siempre la tuvo fácil. Recuerda que iniciar su negocio fue una lucha constante, marcada por obstáculos y pocas oportunidades. Aun así, nunca soltó su fe “.

Tuve que esforzarme mucho para salir adelante, porque al principio había muchas trabas”, cuenta con serenidad.
Con el tiempo, “Chévere” logró levantar su pequeño espacio en la playa, incluyendo una fila de mesas que alquila a los visitantes. Su nombre se hizo conocido entre quienes regresan cada año buscando el sabor de su pescado frito.
En medio de las críticas por los precios en Boca Chica, él defiende su trabajo con orgullo. Dice que su objetivo siempre ha sido mantener un equilibrio entre calidad y accesibilidad.
“Aquí vendo mis pescados fritos entre 600 y 800 pesos, para que la gente compre y no se vaya sin nada”, explica.

Pero esta Semana Santa ha sido un golpe duro. La inversión está hecha, los productos listos… y las ventas no responden. Aun así, no pierde la esperanza. Mira hacia el fin de semana como una oportunidad para salvar la jornada.
“Espero que las ventas mejoren, porque hice una inversión que, por lo que veo, no podré recuperar”, lamenta.
“Chévere” no solo vende pescado frito. También ofrece el producto crudo para quienes prefieren cocinarlo en casa, adaptándose a lo que pida el cliente.
“Aquí lo ofrecemos de todas las formas”, dice, demostrando la versatilidad que le ha permitido mantenerse por tantos años.
Sin embargo, más allá del dinero, su mayor deseo en estos días va en otra dirección. Con la experiencia de años anteriores, marcados por tragedias durante el asueto, hace una pausa y reflexiona: lo más importante no es vender más, sino que todos regresen a casa sanos.
En medio de una playa más tranquila de lo habitual, “Chévere” sigue firme, con la misma fe que lo ha acompañado por más de 30 años, esperando que el mar y la gente vuelvan a traerle mejores días.
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