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La herida que no cierra: cómo sostenerse ante la desaparición de un hijo

Santo Domingo.- No hay dolor comparable al de no saber dónde está un hijo. Cuando un niño desaparece, la incertidumbre se instala de manera permanente, y las familias quedan atrapadas entre la esperanza y el miedo, sin un cierre que permita ordenar el duelo.

Según el terapeuta familiar Julio Sánchez, este tipo de pérdida se conoce en psicología como “pérdida ambigua”, porque no hay certeza de vida ni de muerte, y esa ambigüedad mantiene el dolor activo y constante.

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"La desaparición de un hijo representa una de las experiencias psicológicas más devastadoras que puede atravesar una madre y una familia", expone el especialista.

A diferencia de la muerte, donde el duelo puede organizarse en torno a un hecho concreto, la desaparición genera una espera interminable.

Sánchez explica que las emociones se mezclan: ansiedad intensa, insomnio, culpa, impotencia y pensamientos obsesivos sobre los posibles escenarios.

Julio César Sánchez Medina
Julio César Sánchez Medina

Cada día sin información reactiva el sufrimiento y dificulta que la mente y el corazón puedan avanzar en el duelo.

Mantener la esperanza de que el hijo pueda estar vivo, dice Sánchez, no es una negación de la realidad, sino un mecanismo de supervivencia emocional.

"La madre suele revivir escenarios posibles una y otra vez, intentando darle sentido a lo que ocurrió, aunque no tenga respuestas reales. El tiempo no alivia este tipo de dolor de la misma forma que en otros duelos, porque la ausencia no se confirma ni se resuelve", explica Sanchéz.

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Celebrar fechas simbólicas o recordar momentos felices permite sostener el vínculo afectivo con alguien que no está físicamente presente, y muchas veces es esa conexión la que da fuerza para seguir adelante mientras se buscan respuestas.

El especialista aclara que más que “superar” la desaparición, se trata de aprender a convivir con una herida abierta, un proceso que requiere acompañamiento, comprensión social y estrategias psicológicas que ayuden a sobrellevar la incertidumbre, la ansiedad y el dolor diario.

La ausencia no elimina el amor, sino que lo transforma en una espera que combina dolor y resiliencia, un delicado equilibrio entre la vida que sigue y la esperanza de un regreso que quizá nunca llegue.

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Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en...

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