La flama magna

José Mármol
José Mármol

Con la publicación de su nuevo libro titulado “La flama magna”, publicado por el Ministerio de Cultura en la colección Ediciones del Comisionado de Cultura en Estados Unidos, el cardiólogo y escritor Jochy Herrera alcanza ya su cuarto volumen de ensayos en un lapso de apenas cinco años.

Esto no es sinónimo de velocidad, sino de emanación, flujo de lo que se fue madurando con sistematicidad, meditación y erudición.

Luego de la entrega a los lectores de volúmenes como “Extrasístoles y otros accidentes” (2009), “Seducir los sentidos” (2010) y “Cuerpo. Accidente y geografía (2012), el galeno cibaeño que dejó una estela de extraordinario ejercicio profesional, académico e intelectual en Chicago, Estados Unidos, donde estuvo radicado por espacio de casi tres décadas, retoma su pasión por la reflexión científica, filosófica y poética en torno a la maquinaria del cuerpo y ese órgano maravilloso, el corazón, que no solo bombea sustancias vitales para la fisiología corporal, sino que, más aún, encierra en su escaso tamaño y su ligero peso el misterioso pálpito de la vida; que es morada de los sentimientos, las afinidades y disensos en lo estético y lo ético, el amor o el odio, y por qué no, también del pensamiento, sin que vaya este último aserto en detrimento de la función rectora del cerebro y sus rizomas en el ámbito del razonamiento, sino en procura de su salvamento y comprensión.

Recuérdese con Blaise Pascal (1623-1662), que las del corazón son razones que la razón misma, la de la lógica o el conocimiento, no llega jamás a conocer, y que a la muerte cerebral, diagnosticada en casos clínicos concretos, le sobrevive el latido de la vida a través de ese músculo resonante, palpitante, a veces galopante, que hace de “histórico refugio de los menesteres del sentimiento”, según el propio Herrera, desde una perspectiva agustiniana.

El título del libro responde a la identificación del autor con un planteamiento metafórico del médico, que renegó de la medicina clásica de Galeno, Avicena y Averroes, alquimista, académico y astrólogo suizo Paracelso, que vivió entre 1493 y 1541, y quien, en base a sus conocimientos de química, propone una concepción antimedieval y dinámica del universo, el cuerpo humano y sus enfermedades, que se basaba en tres sustancias alquímicas fundamentales como son el azufre (fuego volátil), el mercurio (agua y fluidez) y la sal (sólida tierra).

En nuestro tiempo, el sicoanalista Carl Jung interpretará aquella idea alquímica del más certero estudioso de la sífilis en su tiempo, y Jochy Herrera la retoma otorgando al azufre un rol protagónico en esa dinámica, por cuanto es la sustancia propulsora de la conciencia y porque hace de combustible para la función del corazón.

El azufre es, pues, el “destello que alumbra al corazón, la flama magna”, subraya el ensayista dominicano.

Esta nueva entrega de Herrera, con su característico estilo exquisito, preclaro, rítmico y lleno de colorido, gracejo y erudición, reflexiona sobre el corazón y su función vital desde perspectivas como el peso en gramos del alma; el amor como electroquímico proceso refractario del testarudo corazón; las históricas y bíblicas certezas y sutilezas en el acuchillamiento artero del caprichoso órgano; su fractura en Safo, Dante, Shakespeare, Munch, Baudelaire, de Musset y la preeminencia del “Siento, luego existo” de Rousseau sobre el “Pienso, luego existo” de Descartes; la necesidad de transfundir el alma, y no solo la sangre, en el individuo posmoderno y la relación entre enfermedades venéreas y sufrimientos del corazón, entre otros remas. Un viaje por el conocimiento clínico e histórico que nos lleva a lo más profundo de nuestra interioridad: el otro, yo mismo.