¿Te has preguntado cómo el caos de la autopista Duarte fue disminuyendo? La respuesta es fácil y sencilla: ampliaron las estaciones con el proyecto de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo, que llegó para cambiar el juego. Pero ¿es suficiente que solo nos quedemos con más estaciones?
Ven que te lo explico. En tiempos anteriores, la travesía que tenía que pasar cada ciudadano no era pequeña. Lo primero que te llegaba a la cabeza era la pregunta:
¿Cuándo nos vamos a trasladar sin estrés de un punto A a un punto B?
La República Dominicana y el Gran Santo Domingo son el país y la ciudad más importantes del Caribe, y han tenido un gran crecimiento macroeconómico.
Sin embargo, en el pasado, si querías ir a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) viviendo en el kilómetro 14 o 18 de la autopista Duarte, trasladarte era muy difícil porque tenías que hacerlo en transporte público o privado, y el verdadero problema estaba en lograrlo con éxito.
Llegar a tiempo se convirtió en un gran desafío que afectó la salud de muchos: los niveles de cortisol en la sangre subían, la presión arterial se ponía por los cielos, los latidos del corazón se aceleraban despavoridos por el miedo, y la ansiedad de llegar tarde aumentaba mientras todo se complicaba cada vez más.
Si decidías viajar en un carro público, te topabas con más tapones de los previstos. ¿Por qué? Sencillo: el chofer se detenía a subir pasajeros y seguía haciendo señas para montar a más gente, a pesar de que el vehículo ya iba lleno, soltando la famosa frase: “Péguense como anoche” .
Para ellos siempre existía una forma de cooperar con el deterioro de tu salud física y emocional.
En el transcurso del viaje se paraban más de cinco veces, lo que te hacía pensar: “¡Conchale!, ¿pero por qué se paran si vamos llenos?”. Creo que era parte de su malicia, ya que te respondían que debiste haber salido más temprano, que ellos solo hacían su trabajo o que “debiste pedir un Uber”.
Si elegías la opción de un Uber para tener una mejor experiencia hacia la universidad, tampoco salías bien librado. Para un estudiante con una economía limitada como es la realidad actual de muchos, esa decisión resultaba demasiado costosa. Además, la famosa aplicación de geolocalización, Waze, tiene la “maravillosa” habilidad de sacarte y mandarte por las rutas con más tráfico, a pesar de haber sido creada para evitarlo.
Pero todo eso quedó en el ayer. Ahora vamos a trasladarnos al presente, donde las plegarias y el sueño del dominicano pasaron de ser una idea a convertirse en algo palpable.
Hoy tenemos más líneas de metro, autopistas más amplias, teleféricos y puentes peatonales, lo que ha reducido los tapones de forma notable en Santo Domingo Oeste.
Aun así, no podemos conformarnos con este avance inicial en el descogestionamiento vehicular. Es necesario que el sector empresarial apueste por la modalidad de teletrabajo y que, de la mano del gobierno, se diseñen planes integrales para mitigar el problema. Establecer días y horarios específicos para la circulación de vehículos particulares ayudaría enormemente a mejorar el flujo vehicular a gran escala.
El reto que aún queda por superar son los vagones del metro. Aunque existen más líneas, en las horas de mayor demanda hay escasez de vagones, y los usuarios terminan viajando apiñados, simulando una lata de sardinas.
Lo que antes sucedía en la superficie dentro de un “carro concho”, ahora pasa en el subterráneo. Las autoridades competentes deberían ponerle atención a este asunto para garantizar un traslado eficiente y digno en el sistema de transporte masivo.
En ese mismo orden, los proyectos del teleférico y el monorriel representan algunas de las obras más ambiciosas de la ciudad de Santo Domingo. Su ejecución eficiente marcará el verdadero futuro del transporte público.
Trasladar a un pueblo de manera más cómoda incrementa directamente su productividad laboral. Los vehículos particulares siempre existirán; el verdadero desafío radica en saber cómo hacer que viajar sea un proceso eficiente y no un calvario diario.
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