Fríe sueños para no rendirse: la dura historia de una enfermera en Playa Najayo

El pequeño espacio donde trabaja se convierte en un horno donde el calor se mezcla con el esfuerzo silencioso

De Los Santos, friendo yaniqueques en Playa Najayo, San Cristóbal.
De Los Santos, friendo yaniqueques en Playa Najayo, San Cristóbal.

Santo Domingo.- Con las manos cubiertas de harina y bajo el sofocante calor que emanan las brasas, una madre soltera vende yaniqueques en la Playa Najayo, San Cristóbal, para sustentar a su familia.

Desde tempranas horas de la mañana, María Isabel De Los Santos abre su local comercial para iniciar su jornada del día: preparar la masa, calentar el aceite y freír las circulares piezas de harina que forman parte de la idiosincracia de los dominicanos.

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De Los Santos manipulando la harina para luego echarla en el caldero.

El pequeño espacio donde trabaja se convierte en un horno, donde el calor se mezcla con el esfuerzo silencioso, pues indicó que tiene cuatro hijos bajo su responsabilidad.

"Tengo cuatro hijos, madre soltera y estoy luchando día a día para que mis hijos tengan un buen futuro en el mañana", manifestó De Los Santos.

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De Los Santos friendo los yaniqueques en Playa Najayo.

La comerciante explicó a la reportera de El Día que es licenciada en enfermería, pero por falta de oportunidades laborales en su área se aferra a la venta de frituras como única fuente de ingreso para su hogar.

"Yo soy licenciada en enfermería… esperando que mi nombramiento venga cerca, mientras tanto, estoy haciendo yaniqueques", expresó mientras se limpiaba los sudores de su rostro.

Al momento de la entrevista, no tenía clientes. Las ventas, asegura, han estado flojas, aumentando la incertidumbre que carga junto al peso de sus responsabilidades familiares.

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De Los Santos friendo los yaniqueques en Playa Najayo

Tras cada yaniqueque frito resisten los sueños de quien busca un mejor porvenir para su familia. Luego de largos años de trabajo no se rinde y día tras día ofrece un yaniqueque listo, adornado con partículas de sal, a cada vacacionista que disfruta en las inmediaciones de la playa.

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Yaniqueques listos.

A pocos metros, el contraste es evidente. Niños juegan con la arena y bañistas disfrutan del mar bajo un cielo despejado, ajenos al sacrificio que se cocina sobre el mostrador.

El ambiente es tranquilo, con poco ruido, como si el tiempo avanzara lento. Sin embargo, para ella, cada minuto cuenta en la espera de una oportunidad que le devuelva la esperanza.