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La desigualdad también se mide en el trato

Seguimos sin entender por qué se nos complica tanto acceder, de manera fluida y sin tropiezos, a servicios públicos y privados que deberían funcionar con normalidad.

Lo que en otros lugares es un trámite sencillo, aquí suele convertirse en una carrera de obstáculos donde el ciudadano siempre parte en desventaja. Es justo reconocer que se ha avanzado en varios aspectos. Sin embargo, aún persisten prácticas mal ejercidas por servidores públicos que se engrandecen con la posición y olvidan la razón esencial de su cargo: servir. Un funcionario, electo o designado, no puede predicar una falsa cercanía con la gente cuando en la práctica se aleja de ella.

Evita el contacto, entra por accesos exclusivos y se refugia en su despacho, sin entender que acercarse a los “simples mortales” le suma más legitimidad que cualquier escolta o privilegio. Las críticas al sistema de salud pública siguen siendo recurrentes. Aunque se han mejorado infraestructuras, el trato al paciente continúa siendo deficiente, la gente muere esperando atención.

Los seguros cubren lo que conviene a quienes los administran, no lo que realmente necesita el afiliado. A esto se suma una policía que, pese a una reforma en proceso, mantiene prácticas autoritarias y, en ocasiones, abusivas. Los agentes de tránsito parecen entrenados para confrontar, incapaces de ejercer la mínima cortesía, imponen multas a ciega, incluso a personas que nunca han conducido ni una bicicleta. La justicia tampoco escapa al señalamiento. No actúa igual para todos.

No es lo mismo ser rico que pobre. Mientras unos se pudren en las cárceles sin que a nadie le importe, a otros se les garantizan procesos impecables y acelerados.

El crecimiento económico, del que la clase trabajadora es pieza clave, se queda en pocas manos.
Al ciudadano común sólo le queda acostumbrarse a la deficiencia: agua irregular, apagones, basura acumulada, calles en mal estado, los barrios sumergidos en el abandono y la eterna obligación de “coger lucha”, porque así son las cosas.

Lamentablemente a así funcionan, pero no deberían ser así. Normalizar el mal servicio y el abuso no es resiliencia, sino estar malacostumbrado a la mediocridad.
¡El cambio empieza cuando dejamos de pensar sólo en nosotros!

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Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 años de experiencia en el ejercicio periodístico, co...

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