La desigualdad del ingreso en RD y sus perjuicios económicos

Economista Tomás D. Guzmán Hernández
Economista Tomás D. Guzmán Hernández

Uno de los principales desafíos de toda gestión económica en las últimas décadas ha sido mejorar las condiciones de vida de la población. De ahí surge la permanente competencia entre gobiernos por reducir la pobreza y ampliar las oportunidades para aquellos sectores que aún residen en barrios marginados, cañadas y zonas vulnerables de la capital y de las principales provincias del país.

La conocida expresión de que “el rico se hace más rico y el pobre más pobre” contribuye a debilitar la confianza en las instituciones democráticas y en el sistema político. Cada vez más ciudadanos muestran escepticismo frente a las promesas electorales, fenómeno que se refleja en los crecientes niveles de abstención observados en diversos procesos electorales.

Si observamos el comportamiento reciente de la pobreza y la desigualdad en la República Dominicana, según datos del Viceministerio de Análisis Económico y Social (VAES), del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, y de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR) de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), podemos apreciar la siguiente radiografía social y económica.

1. Pobreza monetaria general (2016-2026)

  • 2016: 28.6 %
  • 2020-2022: fluctuaciones derivadas de la crisis inflacionaria, con niveles cercanos al 23.0 %.
  • 2023: 23.0 %.
  • 2024: 19.0 %, lo que significó que aproximadamente 413,686 personas superaran la condición de pobreza.
  • 2025: 17.3 %, el nivel más bajo de la última década.
  • 2026 (primer trimestre): 15.4 %.

2. Pobreza extrema

La pobreza extrema se ha reducido significativamente dentro del conjunto de la pobreza monetaria. Desde niveles cercanos al 5 % y 6 % al inicio del período analizado, pasó a ubicarse en apenas 2.2 % en 2025.

3. Desigualdad del ingreso (Índice de Gini)

El coeficiente de Gini, donde 0 representa la igualdad perfecta y 1 la desigualdad absoluta, mostró una tendencia descendente durante la última década, aunque con ligeras fluctuaciones en los años más recientes:

  • 2016: 0.457
  • 2021: 0.385
  • 2024: 0.386
  • 2025: 0.389

A pesar de los avances observados en la reducción de la pobreza, la desigualdad continúa siendo un importante obstáculo para el desarrollo económico y social. Aparece de nuevo la tendencia ascendente aproximándose al 0.40 el año pasado.

Pérdida de desarrollo humano

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la República Dominicana pierde aproximadamente un 18.3 % de su Índice de Desarrollo Humano (IDH) debido a las desigualdades existentes en dimensiones fundamentales como los ingresos, la educación y la salud.

4. Disparidades territoriales y de género

La desigualdad presenta una marcada dimensión geográfica y de género.

Brecha urbano-rural

La pobreza en las zonas rurales continúa superando el 20 %, mientras que en los principales centros urbanos se ha reducido con mayor rapidez.

Diferencias regionales

Las provincias de la región Sur, entre ellas Elías Piña, Bahoruco y San Juan, mantienen los mayores niveles de pobreza del país, en contraste con la región Ozama, integrada por el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.

Brecha de género

El índice de feminidad de la pobreza continúa siendo elevado, reflejando una mayor proporción de mujeres sin ingresos propios en comparación con los hombres.

La desigualdad en el contexto internacional

A escala mundial, después de haber disminuido durante gran parte de la primera mitad del siglo XX, la desigualdad del ingreso ha vuelto a aumentar. Una de las principales razones es el crecimiento sostenido de la participación del 1 % de la población con mayores ingresos en la riqueza total, particularmente entre los propietarios del capital.

La evolución de la desigualdad presenta diferencias importantes entre regiones. En los países anglosajones occidentales, la desigualdad se redujo hasta aproximadamente 1980, para luego iniciar una tendencia ascendente. En Europa Occidental y Japón disminuyó hasta mediados del siglo XX y posteriormente se estabilizó. En los países nórdicos, la reducción inicial fue mucho más pronunciada que el repunte registrado en las últimas décadas.

Según la revista Finanzas & Desarrollo del Fondo Monetario Internacional (septiembre de 2011), estos cambios responden, en gran medida, a transformaciones estructurales en la distribución de la renta y del capital.

La concentración del ingreso suele intensificarse cuando los grupos de mayores ingresos logran recuperar rápidamente el valor de sus activos después de períodos de crisis o perturbaciones económicas. En Estados Unidos, por ejemplo, durante las expansiones económicas de 1993-2000 y 2001-2007, los ingresos del 1 % de mayores rentas crecieron a tasas superiores al 10 % anual, muy por encima del crecimiento experimentado por el restante 99 % de la población.

Desarrollo económico y distribución de la riqueza

Estos datos cuestionan la capacidad de los sistemas económicos para distribuir equitativamente los beneficios del crecimiento. La democracia moderna se sustenta no solo en el crecimiento económico, sino también en la existencia de mecanismos que promuevan la justicia social y la igualdad de oportunidades.

La hipótesis planteada por el economista y Premio Nobel Simon Kuznets, según la cual el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad estarían estrechamente relacionados en el largo plazo, ha sido objeto de crecientes cuestionamientos. La experiencia reciente demuestra que es posible alcanzar elevadas tasas de crecimiento económico sin que ello implique necesariamente una distribución más equitativa de los ingresos.

El caso dominicano

La República Dominicana ha logrado avances importantes en reducción de la pobreza, pero la desigualdad sigue limitando el impacto de esos logros sobre el desarrollo humano y la cohesión social

El Viceministerio de Economía sostiene que enfrentar la desigualdad genera beneficios para toda la sociedad, ya que impulsa el crecimiento económico, acelera la reducción de la pobreza, disminuye la inseguridad ciudadana, fortalece las instituciones democráticas y favorece la cohesión social.

En palabras de Rosa Cañete Alonso, directora de Análisis de Pobreza, Desigualdad y Cultura Democrática del Ministerio de Economía:

"Enfrentar la desigualdad nos beneficia a todos y todas. Impulsa el crecimiento económico, acelera la reducción de la pobreza, reduce la inseguridad ciudadana, fortalece el sistema democrático y promueve la cohesión social."

Asimismo, ha señalado que, si en los próximos años se incrementara en un 50 % el ritmo de reducción de la desigualdad observado en 2019, el país podría alcanzar la meta de pobreza monetaria establecida en la Estrategia Nacional de Desarrollo (END) para el año 2029, un año antes de lo previsto originalmente. En cambio, aun manteniendo el crecimiento histórico de los ingresos, si la reducción de la desigualdad continúa avanzando al ritmo actual, sería difícil alcanzar dicha meta dentro del plazo establecido.

La experiencia nacional e internacional demuestra que el crecimiento económico, aunque indispensable, no es suficiente por sí solo. Para construir una sociedad más próspera, estable y democrática, es necesario complementar el crecimiento con políticas públicas orientadas a mejorar la distribución del ingreso, ampliar las oportunidades y fortalecer la movilidad social.

Sobre el autor

Tomás Guzmán Hernández

Economista y contador público, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con maestrías en Administración Pública (PUCMM), Manejo Sostenible del Agua (PUCMM), Contabilidad Tributaria (UASD) y Riesgo de Desastres y Gobernanza del Cambio Climático (Universidad Alfonso X el Sabio (UAX) Madrid, España)