La cultura y la familia
Desde muy temprana edad se lleva a los varones y hembras a clasificarse entre sí dentro de los correspondientes roles dictados por la sociedad y la cultura en la que nos desenvolvemos, comenzando a comportarse según lo que se espera de ellos.
La familia consciente o inconscientemente, potencia muchas de estas características y comportamientos. A los varones se les potencia la fuerza, agresividad, competitividad, independencia, la dureza, fortaleza y valentía. A las chicas se les potencia la sensibilidad, afectividad, obediencia, dependencia, el temor, el orden, la tranquilidad y la comprensión.
De lo anteriormente expuesto se desprenden ciertos códigos femeninos y masculinos. Se supone que el hombre debe tener una voz fuerte y poderosa, hablar con firmeza, dar órdenes y exigir que se cumplan, mientras que la mujer debe hablar poco y suave, apoyar, ser agradable, no dar órdenes solo recibirlas, sugerir sin pedir, saber escuchar, no opinar o protestar, sonreír y aceptar.
Las formas conductuales y los modos de trato a hombres y mujeres se basan en los valores de la sociedad a la que pertenezcan y de manera inconsciente muchas personas, en estas sociedades más bien patriarcales, supravaloran el comportamiento masculino e infravaloran el femenino.
En una relación de pareja o matrimonio, debe haber un equilibrio en el cual sientan que son un equipo trabajando para la familia, los dos tengan igual poder, pues ambos son responsables de sus hijos y del hogar. Ser verdaderos compañeros y tomar decisiones consensuadas.
