La corrupción jugando ajedrez
Es de conocimiento universal que en la actualidad en una gran parte del mundo se practica y juega ajedrez, cuyos orígenes la historia cuenta que tiene sus raíces en la India. Pero que se remonta al siglo VI después de Cristo con el nombre de Chaturanga, el cual representaba una batalla entre caballería, elefantes e infantería como parte del ejército para esa época.
Subsiguientemente, este juego llegó a Persia, lugar donde se fundó el shatranj; luego se distribuyó por el universo árabe. Pero también este juego es famoso por ser tipificado como el juego de la mente, de tal manera que el ajedrez posee una historia impresionante que va más allá de su carácter competitivo, ya que se trata de una herramienta poderosa para desarrollar habilidades cognoscitivas como la memoria, concentración, al igual que construir estrategia.
En la actualidad se transita por tiempos con grandes escándalos de corrupción a escala planetaria, lo cual involucra tanto a las entidades estatales como privadas. Situacion esta que se ha convertido en la máxima expresión de la descomposición económica, social y moral existente en nuestros países y que tiene como actores a grandes figuras del mundo de los negocios, el arte y la política.
En tal contexto el imaginario de la figura del ajedrez se maneja como simbolismo de corrupción y manipulación política debido a que esta encarna un tablero donde el poder se ejerce sin escrúpulos, sacrificando a individuos o peones con la finalidad de proteger a los burócratas o superiores principales. Metáfora esta que destaca una estrategia fríamente calculada, la traición, el engaño y el triunfo del provecho personal sobre la ética y la moral.
La corrupción jugando ajedrez más bien es una metáfora que es manejada para narrar las complejas, ocultas y estratégicas maniobras políticas o delictivas. Una reflexiva interpretación de esa manera, es equivalente a una partida de ajedrez, donde los funcionarios del gobierno mueven influencias, recursos y personas con la finalidad de garantizar impunidad, poder o beneficio económico, en perjuicio de la sociedad, la institucionalidad y la economia.
En relación a lo concerniente a la Republica Dominicana, en los últimos años el flagelo de la corrupción ha dado un rumbo espantoso con eventos escandalosos sin precedentes que han impactado en lo político y social con un deterioro abismal de la ética en las instituciones públicas y que ha generado una percepción que ha mancillado el clima de confianza para hacer negocios. La dimensión de la corrupción es de tal magnitud que se percibe una inefectividad en el combate a este malestar que ya está afectando los niveles de crecimiento economico y el bienestar al que aspira la ciudadanía.
Lo que se observa es la existencia de una estructura delictiva que actúa sin limites en detrimento del patrimonio del Estado con sumas de dinero impronunciables. En el pasado la corrupción publica parecía que se circunscribía a la construcción de las obras públicas, pero luego incorpora al sector eléctrico, en tanto que, recientemente se ha ampliado al sector salud y a educación, generándose asi escandalo que han estremecido el aparado del Estado y colocando en una incómoda situacion de riesgos a los fondos publicos y las actividades del sector privado, asi como impactando en las iniciativas sociales y el asistencialismo del gobierno, lo que apunta a la quiebra y debilita el ordenamiento jurídico del país para enfrentar este poderoso malestar.
En definitiva, el flagelo de la corrupción arrastra a un país a la ineficiencia de la asignación de recursos, a una atencion sanitaria y una educación de baja calidad y construye un escenario con una elevada presencia de una economía sumergida. Pues esta pesadumbre en la realidad se traduce en expansión de la pobreza, deterioro de las instituciones democráticas y desarticula el potencial de desarrollo economico y social fruto del desvío de recursos publico hacia interés particulares, destruyendo de esta manera la confianza de la población en el Estado, eternizando la desigualdad y vulnerando derechos humanos.
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