La alegría de Jesús resucitado
La resurrección es el hito más importante del cristianismo. Es la razón de la fe del que cree en Cristo. Como nos lo dice Pablo en 1 Co 15,14, si Jesús no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Por eso la resurrección es alegría, gozo y gloria.
La alegría de las mujeres del sepulcro
Jesús resucitado cambia el llanto en alegría. Da una perspectiva que trasciende todo. Las mujeres tristes que fueron al sepulcro encontraron la alegría con la noticia extraordinaria de la resurrección.
De encuentro, Jesús les sale al paso y les dice: “Alégrense… No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mateo 28, 8-9) El milagro las sobrecoge y alegres anuncian lo que ha pasado aunque nadie les crea. La alegría que da el Resucitado es esperanza para las mujeres que lo buscan. El se hace encontrar en un Jesús vivo, no en un muerto. En el Jesús que redime del dolor y del sufrimiento.
El gozo de los discípulos de Emaús
El Jesús resucitado que caminó con los discípulos de Emaús y que fue reconocido al partir el pan, es el mismo que da gozo al cristiano que camina con él en medio de las tormentas de la vida. En las oscuridades del alma, en las tinieblas del miedo y la confusión, su luz brilla guiando nuestros pasos hacia él.
Como nos dice el papa Francisco, el gozo de la resurrección “es la victoria de la vida sobre la muerte, de la esperanza sobre el desánimo. Jesús ha traspasado la oscuridad de la tumba y vive para siempre: su presencia puede llenar todo de luz. Con él cada día se convierte en la etapa de un viaje eterno, cada "hoy" puede esperar un "mañana", cada final un nuevo comienzo, cada instante se proyecta más allá de los límites del tiempo, hacia la eternidad”.
La gloria de Jesús resucitado
El cuerpo glorioso del Jesús resucitado que vence a la muerte haciendo triunfar la vida y la esperanza es la convicción de que el mal no tiene la última palabra porque fue derrotado por Cristo. Como nos dice Juan Pablo II: “El Señor resucitado, vencedor de la muerte y del pecado, ha abierto a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos el camino de la salvación y ha inundado la historia de la luz, de la paz y de la alegría de su Pascua. Este es el don del amor misericordioso y victorioso de Dios, ofrecido a la humanidad”.
