La agonía y el caos en la Zona Colonial

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Me sumo a las reiteradas denuncias que se han hecho sobre la situación de la Zona Colonial y pido a las autoridades encargadas de la remodelación de dicha zona que nos saquen del caos y la agonía que nos vienen matando a puro estrés desde hace más de año y medio.

En un principio se dijo que todo era cosa de ocho meses. Hace un tiempo el presidente Medina vino a observar la situación y oí decir que recomendó terminar los trabajos cuanto antes. Perdió su tiempo.

Los encargados de la remodelación lo han hecho quedar mal y por lo que se ve, eso no acaba por ahora. Cuando se anuncia el fin en un tramo ya hay un tramo mayor deteriorado. Y hay lugares que lucen en el más olímpico abandono.

Ojalá todo esto sea para mejorar las cosas y que al final nos entreguen una zona más acogedora, bonita y organizada. Pero lo dudo.

Parece que aquí se empezó a romper sin tener claro lo que se iba a producir y da la impresión de que no se sabe hacia dónde vamos.

Se rompió el orden del tránsito y las dificultades para la circulación de vehículos y peatones son incontables. No hay Amet que valga, porque cualquier policía resulta impotente ante el hecho de que alguien transite en vía contraria, simplemente porque es la única forma en que se puede salir del berengenal.

Las quejas por las quiebras de algunos comercios, el riesgo de que colapsen otros edificios como acaba de hacerlo el hotel Francés, la escasa información de que disponen los residentes y ni hablar de la falta de señales que orienten a los conductores para salir del laberinto, son cosas comunes.

Y qué decir del parqueo y sus dificultades insalvables.

Todos tienen que tratar de estacionarse en las calles que aún no han sido rotas, y cuando los residentes de esas calles llegan a sus hogares, tienen que dejar los vehículos lejos del frente de sus casas, en lugares expuestos a lo que cualquier maleante o descuidista disponga.

Conste que no exagero si les digo que al paso el tiempo he tenido que comprar cinco juegos de espejos retrovisores, porque a plena luz del día los ladrones se los han ido llevando. Pero… viva el progreso, pero aún así, sáquennos de esta agonía, señores míos.