Juan Dolio, destino sin gestión

Víctor Féliz Solano
Víctor Féliz Solano

Juan Dolio y Guayacanes no necesitan que nadie les “descubra” el potencial. Está a la vista con su playa, su accesibilidad, sus proyectos residenciales y una demanda que crece cada fin de semana. El punto no es si la zona vale. El punto es cómo se gestiona ese valor para que deje de ser promesa y se convierta en destino.

Como municipalista lo digo sin rodeos. El desarrollo no puede depender sólo de lo que ocurra puertas adentro de los residenciales ni de esfuerzos dispersos del sector privado.

El salto real llega cuando el territorio se ordena, se equipa y se programa. Cuando el visitante y el residente sienten un lugar pensado, caminable, seguro, con servicios y con identidad. Esa es la gobernanza local del destino, reglas claras y operación permanente.

La primera apuesta debe ser un malecón o boardwalk caminable, no como adorno, sino como infraestructura pública con propósito. Sombra, continuidad peatonal, carril de bicicleta, señalización, seguridad, baños, puntos de reciclaje y comercio ordenado.

Un paseo bien diseñado crea vida urbana, activa la economía local y organiza el espacio público. Para que funcione debe estar acompañado de accesos peatonales dignos, estacionamientos resueltos, control del tránsito y permisos transparentes para vendedores y actividades. El desorden mata la experiencia y encarece la convivencia.

La segunda apuesta es construir una narrativa de destino para Juan Dolio y Guayacanes. Marca sí, pero sobre todo contenido. Agenda cultural y deportiva fija, torneos, festivales, circuito gastronómico, actividades familiares, ferias artesanales y eventos de playa con calendario anual.

El territorio que no se programa se apaga fuera de temporada. El que se programa con constancia se vuelve hábito, y el hábito se convierte en empleo y flujo económico. Esa agenda requiere responsables, alianzas, permisos ágiles y medición, porque la diferencia entre animación y gestión es disciplina.

La tercera apuesta es paquetizar la oferta cercana. Aquí no manda la distancia, manda la operación. Excursiones de un día, rutas culturales, experiencias deportivas, transporte organizado y horarios claros. El visitante no compra lugares, compra planes. Si el plan está listo, la estadía se alarga y el gasto se queda. Paquetizar también significa señalización turística inteligente, información pública accesible y puntos de orientación, para que el territorio se use sin improvisación.

Luego viene lo que define reputación. Gestión de playa y entorno con limpieza, manejo de residuos, control de ruido, iluminación y accesibilidad. No son detalles. Son la carta de presentación del destino y el factor que determina si la gente regresa o advierte a otros que no vayan. Un destino serio es inclusivo por diseño, con aceras, rampas y orden, no por discursos.

Finalmente, profesionalizar la gestión de rentas en condominios con estándar tipo resort. Check in, concierge, mantenimiento, reglas de convivencia y control de calidad. Eso sube tarifas, reduce conflictos y ordena el mercado. También protege la tranquilidad, que es el activo más valioso.

La recomendación es directa. Si queremos que esta zona despegue de manera sostenible, el foco debe estar en espacio público, programación del destino y gestión territorial.

Ayuntamiento, junta de distrito, comunidad y sector privado deben sentarse en una sola mesa con un plan, metas medibles, presupuesto y cronograma. Hace falta una gerencia del destino que coordine y fiscalice lo acordado. Sin gestión habrá crecimiento. Sin gestión no habrá destino.