La política es tan antigua como la necesidad humana de convivir, y su reflexión ha dejado una abundante bibliografía que nos convoca y nos interpela. Desde que Platón imaginó en La República una ciudad gobernada por la justicia y Aristóteles afirmó en su Política que el hombre es, por naturaleza, un animal político, el pensamiento sobre el poder no ha dejado de interesar e interrogar.

Maquiavelo, tanto en El príncipe como en los Discursos de Tito Livio, nos enseñó a mirar el poder tal como es y no como quisiéramos que fuera; Montesquieu, en El espíritu de las leyes, nos legó la separación de poderes, y Rousseau, en El contrato social, colocó la soberanía en el pueblo. Miles de textos a lo largo de los siglos han construido una ruta narrativa de conceptos inherentes al vivo ejercicio de la política, el poder, sus propósitos, desafueros, etc.

El presente trabajo, bajo el amparo de las experiencias cultivadas desde el debate político, hurga en el esfuerzo creativo e intelectual de un libro recientemente presentado por el político, entrañable amigo y hacedor de políticas públicas Andrés Vander Horst Álvarez, titulado Joven político.

La pasada semana tuve la oportunidad, en el marco de un interesante foro político empresarial y desde la paradisíaca Punta Cana, de presentar este necesario, objetivo y fundamental texto que, más allá de provocar la voracidad del lector, se convierte en una herramienta de consulta indispensable para actuar en política desde la mesura, el tacto, las pausas, los tiempos y el silencio.

El libro, compuesto por veintiún capítulos, plantea conversaciones sobre política, poder y ego. Uno de sus más valiosos recursos radica en la división implícita que el autor preconcibe entre vivencias fortuitas con nuevos actores políticos y la implicación de las cinco personalidades de mayor calado e influencia en su vida.

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Roberto Angel Salcedo, Ministro de Cultura. Archivo.

En las primeras quince historias, Andrés logra una narrativa grácil, compacta y resuelta, y nos conecta con historias cubiertas por un manto protector a la identidad de los personajes envueltos.

Aspectos tan sensitivos y consustanciales a la actividad política como la gestión de las pasiones, la imagen, la derrota, las rebeldías, el enfoque y la confianza, recrean una atmósfera adecuada para su comprensión, análisis y honda ponderación.

Los mentores del mentor

El autor, a través de asesoramientos, consejos y mentoría ha sido una fuente inagotable de orientaciones para la conquista temprana de varios y nuevos actores políticos que, hoy por hoy, aumentan su presencia e incidencia en el escenario político nacional.

Para consolidar la condición de un experimentado, hay que haber recibido las asesorías que hoy se está en facultad de ofrecer. Por ello, me permito describir el alcance de los que han influido en el individuo que hoy presenta un valioso libro que tiene, a su vez, la capacidad de influir en los demás.

El primero de ellos es don Andrés, su padre. Vivió el fragor de las lides políticas de los años 80; la tensa convención del 24 de noviembre de 1985 entre Jacobo Majluta y José Francisco Peña Gómez, en donde jugó un rol visible en la construcción de una plataforma política alterna que sustentó las aspiraciones de Jacobo, llamada La Estructura; su posterior vinculo con presidente Balaguer y el retorno de éste al poder en 1986. Estas secuencias de eventos políticos complementaron la relación filial de los Andrés y apuntaló la base de una pasión por la política como ciencia y ejercicio.

Doña Sonia Guzmán, desde el servicio público y la Secretaria de Industria y Comercio en el gobierno de Hipólito Mejía, introdujo en el autor el bien de la planificación y la elaboración de políticas públicas como motores para el asentamiento del desarrollo social y económico, y fueron estos criterios técnicos los que moldearon la personalidad de Vander Horst y que el libro describe. Alfredo Pacheco, líder popular, político de extensa trayectoria, solidario, franco, frugal, amante de la salsa, se relacionó por circunstancias especiales con Andrés y, aun teniendo origines disímiles, lograron construir amistad y sociedad, creando un núcleo de referencia y consultas mutuas.

Una figura a quien el autor dedica el texto y que marcó su etapa de mayor vinculación en la arena y debate político fue Reinaldo Pared Pérez. El expresidente del Senado vivió las épocas más importantes de su carrera teniendo la colaboración estrecha de Andrés, por ello, el escritor, al narrar el momento en que recibe la infausta noticia de su muerte, reconstruye ese episodio donde a la carencia de aliento se asocia una avasallante sensación de dolor retorcido, motivado por la incomprensión de su pérdida.

También un expresidente

Construir relaciones de amistad y de confianza con gente de diversas procedencias y variadas líneas de pensamiento permiten ampliar el radio de acción vital, ofreciendo mayor apertura y perspectiva de criterio. Andrés conoció a un costarricense excepcional, oriundo de una familia política que heredó la vocación por el servicio público a través de la figura de su padre, el tres veces presidente, don Pepe Figueres, símbolo central de la socialdemocracia en Costa Rica.

José María, primer hijo del segundo matrimonio de don José Figueres Ferrer (Pepe), ocupó el cargo de presidente en el período constitucional comprendido entre 1994-1998. Un día ya fuera del poder, José María recorría un aeropuerto estadounidense en calidad de viajero solitario, hecho que sorprendió a Andrés, y que fue el punto de partida de una relación prolija, que ha crecido en el respeto y la admiración, nutriéndose de la intelectualidad y las experiencias de un hombre de Estado como el expresidente Figueres.

Construir relatos partiendo de lo vivido permite una conexión más diáfana y precisa con el lector. Sin dudas, que con este Joven político, Andrés Vander Horst logra un documento que será de enorme e inestimable utilidad para las presentes y futuras generaciones de políticos.

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