Joaquín Obregón García
Este 20 de marzo es la puesta en circulación de nuestro libro “Ligeras contribuciones médica, antropológica y forenses en República Dominicana”, en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, a las 6:00 p. m. El tema central del libro recoge la vida del profesor Joaquín G. Obregón García, quien nació en España, en 1867, y murió en Santo Domingo, el 24 de diciembre de 1951, a la edad de 84 años.
Graduado de Farmacia en la Universidad de Santo Domingo, junto al doctor F. A. Defilló fundó la Revista Médica Dominicana, único periódico científico en el país, que dio a conocer el proceder de los médicos franceses, de los catedráticos más reputados de las universidades del continente europeo. Aprendió sobre huellas digitales y manchas de sangre.
Fue primero al fundar el Instituto de Dactiloscopia para Investigaciones Criminales, en 1911; fue un científico muy importante en República Dominicana, inventó numerosos procedimientos químicos que se usaban en la enseñanza en la universidad.
Aunque es curioso cómo su nombre ha permanecido desconocido entre los círculos académicos, y ha estado ausente de la literatura científica médico-legal de nuestro país, el inquieto profesor Joaquín Obregón García es más lo que no sabemos de él, de su vida académica y de sus escasas publicaciones, muchas de las cuales no han sido encontradas, que lo que pueda ser narrado en esta ocasión.
El profesor Joaquín G. Obregón García era hijo del teniente coronel Adolfo Marcelino García Obregón, de origen español. Don Marcelino Adolfo García Obregón, quien nació en Madrid, España, en el 1839, y murió el 22 de diciembre de 1871 a los 32 años en Cuba, siendo teniente coronel de la Armada española. Fue enviado a República Dominicana como capitán de la infantería española de ultramar durante la anexión de la isla a España, y aquí se casó a sus 25 años con María de las Mercedes Mateo García Tejeda, el 17 de noviembre de 1864.
Digamos que por un hecho fortuito conoció de la labor que estaba realizado en ese momento su coterráneo, el doctor Antonio Lecha-Marzo, quien estaba revolucionando la medicina legal en el continente europeo. Y quien, a través de unas celebres cartas médicas (desaparecidas), logró atraer las noticias del movimiento científico que se estaba produciendo en España, y que regularmente informaba el profesor Antonio Lecha-Mazo en sus cartas médicas enviadas a Santo Domingo.
Tanto Obregón García como Lecha-Marzo se aficionaron a la lectura de los libros de medicina legal, a la experimentación en laboratorios para estudiar los resultados de los estudios que la sociedad europea estaba produciendo vertiginosamente en el mundo científico forense de la antropología, medicina, de la naciente Policía judicial científica, la fotografía, dactiloscopia, la psiquiatría y la traumatología.
Fue autodidacta en temas médico-legales, y así lo revela en una de sus cartas: “Dios no dota a todos los hombres de la misma manera. Hubiera deseado ser para mi país, lo que Lecha-Marzo para España”. Lo contactó cuando aún era un estudiante promisorio en la Universidad de Sevilla, en 1907. En su carta del 4 de julio de 1911, revela los aprestos, en Santo Domingo, por crear una “oficina de identificación”.
En dicha misiva da a conocer que recibió del mismo Juan Vucetich la solicitud para que le envíe un artículo intitulado “Dactilsocopia” que aparece en la Revista de Medicina Dominicana, que se basa en el estudio de Lecha-Marzo “Los dibujos papilares de la palma de la mano como medio de identificación”.
