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Por primera vez en los nueve años que lleva al frente del partido gobernante, Jacob Zuma, que tiene 73 años, enfrenta una verdadera amenaza a su poder.
Algunos experimentados funcionarios del Congreso Nacional Africano tratan de provocar su destitución debido a sus vinculaciones con una importante familia a la que se acusa de utilizar la relación en beneficio de sus intereses de negocios y hasta de ejercer influencia en las designaciones del gobierno.
Cuando la oposición le pidió la renuncia la semana pasada en el parlamento, Zuma se mostró más desafiante que nunca respecto de si se había ofrecido a sus amigos puestos en el gabinete.