Irresponsabilidad colectiva
La construcción de obras de relumbrón para Juegos Nacionales ha sido uno de los errores garrafales que han cometido las autoridades, en muchos casos, producto del populismo y en otros, evitando el chantaje de la dirigencia deportiva, que en algún momento tuvo un indudable peso a nivel político.
Esa es la causa por la que una gran cantidad de instalaciones que costaron millones se encuentran desde hace tiempo abandonadas a su suerte.
Desde que se reiniciaron los Juegos Nacionales en 1978, tras su primera versión en 1937, se inició una especie de “locura colectiva” en el movimiento deportivo, solicitando y en muchos casos obteniendo que se ejecutaran obras que se sabía en muy poco tiempo, quizá inmediatamente terminaran, se iban a convertir en elefantes blancos.
Los casos más llamativos fueron las piscinas, instalaciones con un elevado costo de mantenimiento, que por presión y demagogia se construyeron en Barahona, La Vega y La Romana.
Hoy esas piscinas están abandonadas a su suerte, porque ni siquiera las alcaldías de esas comunidades han asumido la responsabilidad de por lo menos darles algún tipo de mantenimiento.
En Santiago, para los XIV Juegos Centroamericanos y del Caribe, se construyó una piscina en los terrenos de la Pucamayma, entidad que la mantiene en operación después que le fue donada por el Estado.
Una situación parecida ha pasado con las pistas de atletismo en todo el territorio nacional.
¡Qué vergüenza! ¡Qué lástima! ¿Se puede avanzar, ante tanta irresponsabilidad colectiva?
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