Intemperancia

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

El inicio de la Cuaresma y la decisión del Tribunal Constitucional rechazando la solicitud del Ministerio Público de anular sentencias de la SCJ sobre la no culpabilidad, me parecen ocasión oportuna para una paráfrasis comentada del capítulo 3 de la Epístola de Santiago en la Biblia.

Este primer apóstol martirizado a espada por los romanos, 44 años tras la ascensión de Jesús, escribió su carta a las doce tribus dispersas de los judíos, en el año 62, pero no fue incluida en el canon del Nuevo Testamento hasta cuatro siglos después.

¡La relatividad del tiempo! Dice Santiago que pocos deben ser maestros, pues les espera un juicio más severo, como a periodistas, fiscales y jueces. Todos caemos alguna vez, pero quien no cae es una persona perfecta, capaz de poner freno a su ser entero. “Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo.

Miren también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón donde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande. Y la lengua es fuego, un mundo de iniquidad; la lengua, uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende fuego a la vida desde el inicio.

Fieras, aves, reptiles y peces pueden ser domados y han sido domados por el hombre; en cambio, nadie ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; llena de veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre y maldecimos a las personas, hechas a imagen de Dios; de una misma boca salen bendición y maldición.

Esto no debe ser así. ¿Acaso de una fuente brota agua dulce y amarga? ¿La higuera produce aceitunas o la vid higos?”. ¡Tanto lawfare para culminar en otra manifestación de naesnaísmo! Santiago recomienda que sabios y experimentados deben mostrar por su buena conducta obras hechas con dulzura.

Si en su corazón hay amarga envidia y espíritu de contienda, no se jacten ni mientan contra la verdad, pues esa sabiduría no es de Dios, sino que es terrena, natural, demoníaca… Los frutos de la Justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz. (Y no me refiero sólo a si verdaderamente son culpables o inocentes…).